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domingo, 2 de julio de 2017

El Soplao Enbiciado 2017. La crónica



Como ya os habíamos anunciado, este año, sí, este año también un grupo de habituales de nuestras rutas MTB enbicipormadrid, han acudido a esa prueba mítica, los 10.000 del Soplao. Si hace tres años os contábamos el punto de vista de un paquete, y el año pasado lo hacíamos con un relato al estilo de la Historia Interminable, esta vez  nos hemos inspirado en “Rayuela”. Ocho Soplaos, ocho enbiciados, ocho formas diferentes de vivir una misma pasión, una experiencia, para algunos la primera, para otros fué la tercera ediciòn.
Puedes leerlo de dos formas, aqui encuentras los relatos completos de cada uno, a continuaciòn, una mezcla de todos los relatos, una sola historia ordenada en el tiempo.
Allá vamos …
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Esta es la historia de un sábado de no importa qué mes, y de 13 ciclistas montados en sus bicicletas de montaña luchando por conseguir un sueño, o por repetirlo.



La preparación

Hace ya tres años que a un grupo dentro de los compañeros enbiciados, con los que procuro salir todos los sábados que puedo a dar pedales, se les ocurrió la feliz idea (¡¡¡que locura!!!) que la prueba cicloturista conocida como “los 10.000 del Soplao” era algo realizable para  gente como ellos, personas que no se dedican a competir normalmente, pero que a base de salir de ruta todos los findes que podían estaban adquiriendo cierto nivel sobre la bici. Aquella época la recuerdo como la de los grandes retos, la de unir Madrid con las capitales de provincia cercanas  (y no tan cercanas) la de acumular una doble Morcuera en una ruta o combinarla con un Reventón….. y supongo que embebidos por ese espíritu creyeron que merecía la pena intentarlo. Y así lo hicieron. Y a su vuelta contaron las maravillas de ese “infierno cántabro” de cómo la propia dureza de la prueba les había llevado a superar sus límites y a sufrirlo y disfrutarlo por partes iguales.

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Recuerdo a Antonio cuando el año pasado subiendo al Pasapán me decía algo así como “aún queda hueco en la casa, estás fuerte, ¡apúntate!”. Estás fuerte decía…

Negué una y otra vez esa y cualquier propuesta relacionada con esa locura, eso que llaman El infierno cántabro.

Pero este año, aunque también lo negué de pronto me nacieron unos superpoderes y me sentía francamente fuerte. No solo había mejorado considerablemente la forma física, sino la psicológica. Ahí está la clave. Entonces pensé que era mi momento de intentarlo o más bien de conseguirlo, porque yo no intento nada… voy a por todas!!

Así que llamé a Laura que tanto había insistido y tantos “nos” tenía acumulados la pobre para unirme al reto del año.

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El Soplao es una gran prueba, un ultra fondo para el que hay que prepararse, entrenar, rodar muchos kilómetros, subir muchos puertos y reforzar cada parcela de tu cabeza en los meses previos. Una pionera, en su día, una de muchas, ahora. Tiene de especial la belleza de los paisajes que atraviesa, bosques encantados y encantadores por donde pedalear parece surcar cuentos mágicos, montañas orgullosas con rampas demoledoras que te hacen buscar dentistas detrás de cada curva, a ver si te prestan dientes, con todos los tonos de verde posibles acompañando cada kilómetro, descensos vertiginosos donde la concentración evita sustos, cientos de personas apoyando y animando en cada pueblo, y un largo etcétera.

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Este tercer año, después de hacer muchas más rutas y el camino de Santiago con el grupo y sentir que, como hemos comprobado muchas veces, en familia y todos juntos no hay ruta ni reto que se nos resista, me decidí a entrar dentro del chat donde esta “panda de locos” van hablando sobre los preparativos de la prueba y por lo menos estar al tanto de lo que iban diciendo, pero con poca idea de materializar una inscripción para ella: las rutas más duras que he llegado a hacer tenían como mucho la mitad del desnivel y kilómetros que el Soplao y eran días en los que acababa extenuado y necesitaba el día siguiente entero tirado en el sofá para poder recuperarme.
Cercano a final de año se empezó a hablar de las inscripciones, de que si se hacían antes del 1 de enero tenían una rebaja en el precio y después de haber visto que en la prueba existía la posibilidad de hacer distintas versiones acortando los Km. y el desnivel pensé: “la versión más corta es como una ruta de las duras nuestras y aunque acabe fatal podría llegar a intentarlo. En el peor de los casos hay escapatorias para volver a la meta sin complicaciones….. ¿porque no intentarlo?”. Creo que en ese momento empecé a darme cuenta de que no era tan descabellada la idea y que si lo era, no me importaría intentarlo siempre y cuando fuera con mis “enbiciados”, pues de aquella ya eran muchos los que habían exhibido flamantes sus dorsales ya adquiridos al apuntarse y a su lado por lo menos sería divertido.
Dicho y hecho. Abro la página del Soplao, relleno los datos, pago la inscripción y al momento….dorsal: 2220. Texto elegido para el dorsal: #GraciasCapi. (Esto era importantísimo). Él fue el primero que creyó en nosotros, el primero que creyó en mí, en que juntos éramos capaces de cualquier cosa que nos propusiéramos (estoy casi seguro que si no llega a ser porque Dios necesitaba organizar rutas MTB en el cielo y se llevó al mejor, este año hubiera estado acompañándonos en persona, pues su espíritu no nos abandona nunca).
Ya no hay vuelta atrás. La euforia de todos mis compañeros que decidieron aprovechar la oferta en esos días y de los que ya estaban apuntados comentando su alegría en el chat me hace pensar que he hecho bien, que pase lo que pase en la prueba voy a disfrutarlo, me lo voy a pasar genial en su compañía.
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Aunque la idea de hacer el Soplao llevaba rondando mi cabeza varias semanas, sobre todo al ver cómo Fernando y Agustín ya habían hecho públicas sus inscripciones en alguna de las rutas anteriores, hasta la ruta de Diciembre por Morcuera y Canencia no las tenía todas conmigo. ¿Estaremos capaces para hacer tanto desnivel acumulado? ¿Acabaría pidiendo una escapatoria a los 100 km?
En esta ruta, mientras íbamos ascendiendo tranquilamente por las pistas al puerto de la Morcuera, Agustín olió mis ansias cántabras y comenzó a hablarme del Soplao, de sus puertos, de esos puertos similares a la Morcuera, de la gente animando en los arcenes y de cómo, con un poco de preparación y paciencia, estábamos más que preparados para terminarlo.
¿Ver desde lo alto esos valles del norte que tanto echo de menos? Decidido, nos vamos a Cabezón.
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… que si el soplao por aquí… el soplao por allá, ….  de verdad, que es una prueba dura… pero es alcanzable para cualquiera que salga con cierta frecuencia… conviene prepararse un poco antes de ir… los paisajes son espectaculares… el ambiente muy bueno… merece la pena… alguna vez tienes que ir… sobre todo, hay que disfrutarlo
Varios de los enbiciados llevaban tres años contándonos historias del soplao… tres años enviando fotos cada mes de mayo… tres años publicando en facebook la hazaña de marcarse 163 km y más de 4600 m de desnivel acumulado…
Pensado fríamente, dices… qué necesidad tienes de meterte esa paliza… ??? Como bien decía Isra en el coche camino de Cantabria… “un punto de enajenación hay que tener para apuntarse al soplao…” … los demás nos reímos e inevitablemente asentimos aprobando esta afirmación… Este año la idea ya me rondaba la cabeza, si el castigo era tanto como parecía, ¿por qué repite la gente???, pues por algo será...  Se apuntaban muchos de los compañeros, y pensé lo mismo que cuando hice el camino “este año hay que ir”, y fui, y me alegro, y mucho MUCHO ¡!!
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Pues sí, os estaréis preguntando cómo un “paquete” acaba participando en una de las marchas más apreciadas en el mundo MTB. Eso es un cruce de: amigos (nosotros lo llamamos FAMILIA), montañas que piden a gritos ser recorridas, paisajes que quitan todo tipo de cansancio (eso lo tienen que recetar los médicos, no solamente pastillas) y un amor incondicional hacía la bicicleta. Pero sobre todo los momentos anteriores y posteriores de la marcha. La ida en coche, la cena antes del día “D”, la de después, sentir el ánimo de la gente, de todos los pueblos por donde pasas. Todo esto te hace repetir y repetir año tras año, y de repente te ves con tres Soplaos detrás. Y antes miraba con los ojos bien abiertos los videos sobre el “infierno cántabro”, ahora lo vivo en primera persona, me empapo de vivencias únicas.
Ay que se pongo sensiblón! Jejejej…Para la marcha de éste año resulta que se apunta más familia, empezamos el primer año 6 o 7 y ahora vamos el doble, esto no para de crecer al final vamos a hacer un “En bici por Cantabria”! La casa se nos está quedando pequeña, y mira que es un caserío enorme.
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Una vez confirmada la logística del viaje con el gran grupo humano que se iba a desplazar a Cabezón, comienzan los preparativos. ¿Cambio la cadena? ¿Este pedal está bien ajustado o parece que traquetea? ¿Aguantarán estas pastillas de freno o pongo unas nuevas? Los miedos a quedarme tirado a mitad del Soplao crecen según avanzan los días. Me da más miedo esto que no acabarla físicamente. Aunque fuera andando, estaba seguro de que todos íbamos a terminarlo.
Tras revisar toda la mecánica, le toca a la ropa. ¿Dos mochilas enteras para 1 día? ¿Estoy loco o me quedaré justo? Por suerte, el tiempo nos dio tregua. Los malos pronósticos de la semana previa se disipan y para el día de la marcha vaticinan un día despejado, con posibles lluvias matinales. Perfecto para ir de corto. Todo se nos pone de cara.


El viaje
Nos hemos juntado trece personas este año para ir al Soplao (bonito número) y decidimos que es mejor alquilar un furgón grande para llevar las bicis y así el sábado al salir hacia la prueba tener todo más controlado (es lo bueno de contar con la experiencia de gente repetidora), pues la maravillosa casa que hemos alquilado (una pasada de casa rural en un pueblecito de las montañas justo a pie de ruta de la prueba, antes del último puerto) no está muy cerca de la salida y necesitamos perder el mínimo tiempo posible esa mañana para coger buen sitio en la línea de salida. Yo no pensé que eso fuera tan importante hasta que al llegar vi la gente que teníamos delante y sobre todo los que salían por detrás después de haber estado una hora antes del ya mencionado Thunderstruck que marcaba la salida.
Algunos nos pedimos el día y decidimos marchar prontito el viernes después de cargar las bicis en el furgón y otros esperaron a salir de sus trabajos al mediodía para alcanzarnos por tierras cántabras. El primer turno salimos en dos vehículos, no sin antes pasarnos a recoger la bici de Agus y otro elemento importantísimo que nos haría mucho más ameno el viaje: una pareja de walkie-talkies. Creo que en mi vida he tenido una idea más acertada. El día anterior se los pedí a Agus para poder comunicarnos entre los dos coches y así ir avisando de las paradas y posibles repostajes sin necesidad de usar otra tecnología. Pues además de para eso,  los walkies puestos en boca de los mejores comunicadores del equipo dieron un juego maravilloso a base de chistes, bromas y consejos pre-soplao que hicieron el viaje mucho más ameno. (en el viaje de vuelta se vería multiplicado el efecto por la incorporación a la charla de una de las personas que para la ida tuvo que salir en el segundo grupo) 
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El viernes por la mañana salimos hacia Cabezón los primeros valientes, en la maxifurgoneta que reservó Nikolay y el coche de David 6D2. ¡Nos vamos!
Un Bluetooth que nos derrotó, walkie-talkies con #LauriConsejosDelDía y comentarios sobre no sé qué copa para determinados días al mes y su utilidad en la sección femenina del grupo resumen las 4h de viaje. Se nota el buen rollo en el ambiente; como todos los sábados va a haber ruta y eso siempre nos pone de buen humor.
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Allá que nos vamos, y arrancamos para Cantabria donde ya nos esperaba la avanzadilla que había salido por la mañana. Llegamos a las ocho y media de la tarde y teníamos la cena puesta ¡ qué lujo ¡!!... A pesar de los nervios, vamos prontito para cama… lo del sábado parece que va a ser duro.
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llegamos a Cabezón de la Sal, punto de partida y meta de la tan nombrada prueba y pude comprobar, como en diferentes momentos durante la prueba al día siguiente, el ambientazo y lo volcada que estaba la gente del lugar con todos los que decidimos ir a conocer su tierra de aquella manera. La entrega de dorsales fue una pasada con todos los chiquillos que estaban ayudando a hacerlo: Críos de entre diez y doce años que, ayudados de unos pocos adultos, se desenvolvían perfectamente para buscar tu nombre en la lista y hacerte entrega de dorsal y bolsa regalo, supongo que de una manera altruista. Espero que tuvieran un buen detalle con ellos al finalizar su labor, pero sus caras administrando la responsabilidad de darnos bien los dorsales ya mostraban lo felices que estaban.
Con los dorsales en nuestro poder y después de disfrutar un rato del ambiente del pueblo, decidimos ir hacia la casa, pues teníamos mucho que preparar para el día siguiente….nos quedaba recargar bien los depósitos de hidratos de carbono e ir pronto a descansar para encontrarnos en la mejor forma posible al día siguiente.


Los momentos previos
Ya en la casa y preparando todo llegaron el segundo grupo: abrazos, risas, bromas, nervios…..mucha pasta para cenar y pronto a la cama, que al día siguiente hay que estar lo más fresco posible. Ya en la cama repaso mental y nervios porque no se olvide nada mientras que Morfeo me acoge en su reino y me deja reposar sin saber aun lo poco que me iba a durar…..
Tres de la mañana y un perro (¿o será un lobo? me hace dudar su insistencia en aullar) no deja continuar mi descanso: “¿qué le pasará al pobre animal que no para? “.
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Me encantan estos momentos previos de la marcha la cena sobre todo, todos juntos alrededor de la mesa, no faltan las risas y bromas, los platos de pasta como os podéis imaginar vuelan con una velocidad tremenda. Eso sí, hay que acostarse pronto, éste año hemos preparado el desayuno y nos lo comeremos en la propia salida, tenemos que estar antes, pues se forman tapones en los primeros kilómetros. Nos sobra desayuno, y tenemos que tirarlo, se me parte el corazón pero no podemos llevarlo con nosotros (voy sin mochila), pero Fernando se lleva un tupper que más tarde le vamos a hincar el diente. 
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A las 5 suena el despertador, aunque no ha sido una noche para dormir mucho. A los nervios por la ruta se suma la animación incansable durante la madrugada a los participantes de la ultramaratón debajo de nuestras ventanas. ¡Esta gente sí que es dura!
Los más dependientes del café necesitamos nuestra dosis matutina para ponernos en marcha mientras Novoa activa el despertador cántabro (¡Novoa dale al cencerro!) y pone en pie a toda la casa. Sonrisas nerviosas. Hoy es el día. Varios meses de preparación para poder llegar a este día con la garantía de terminar. ¿Estaremos a la altura?
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Arrancamos hacia Cabezón de la Sal sobre las 6:30 y aparcamos a la entrada del pueblo. Aprovechamos a comer algo mientras descargamos las bicis de la furgoneta y nos dirigimos a la ya enorme cola de espera para cruzar la meta. Impresionante la cantidad de ciclistas que teníamos por delante (¡y los que todavía quedaba que llegaran!). Ahora sí, es el momento de desayunar las Nikobarritas líquidas mientras esperamos a que llegue la hora de la salida. Vídeos y fotos, nervios y la visita de Agustín Malavé para darnos ánimos (¡gracias Agustín!). Esto parece una ruta más de EnBiciPorMadrid.
A lo lejos, empieza a elevarse un rumor cada vez más alto y, de fondo, comienza a sonar el Thunderstruck de ACDC. Ya no hay marcha atrás. Consigo hacerme un hueco y comienzo a avanzar andando hasta casi llegar a la meta donde me encuentro con Agustín y Felipe que nos habían cogido la delantera. Un cruce de sonrisas con Felipe, un “habrá que montarse ya” y cruzamos rodando la meta mientras cientos de personas nos aplauden y nos animan.
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Nos echamos a dormir, a las tres y media de la mañana comenzamos a oír aplausos, y el jaleo propio de un grupo de vecinos animando a los participantes de la ultra maratón… Nuestra casa estaba en el mismo recorrido de la prueba. Apenas conseguí dormir dos horas más. Por la mañana no sentía ni pizca de sueño,  hacía fresco o más bien frío y allá que nos enfundamos la ropa de la bici, a los coches y camino a Cabezón de la Sal ¡
La experiencia es un grado, y mucho… Sin dudarlo los “repetidores” nos recomiendan estar UNA HORA antes cerca de la salida para no tardar demasiado tiempo en cruzar la línea de SALIDA. Nos llevamos el desayuno y casi montamos un “picnic” en toda regla… Sin lugar a dudas muy buena idea ¡
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Llegamos pronto a la salida y ya había muchísima gente ansiosa por empezar el Soplao 2017. Amaneció nuboso y una ligera e inesperada lluvia nos recibió y nos puso en antecedentes sobre lo inesperado de la climatología en éstas latitudes.
AC-DC nos informa de que da comienzo la marcha y en poco tiempo ya estamos rodando. Las calles abarrotadas de lugareños nos despedían hasta la noche en mi caso.
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Me desperté sobre las 3 de la mañana tras dormir 3 horas escasas debido al dolor de rodilla q me acompañó toda la semana anterior.  Mal comienzo pero confiado en que no me impediría pedalear en aceptables condiciones.


En la salida

6.00!!! Que ya salimos tranquilos!!!!!!!!!! Y pitando estábamos a las 7.00 en la parrilla de salida casi los primeros, los primeros 1.000 quiero decir. Pero qué locura!!! Cuánta gente!!! Y entonces aparece por allí Agustín Malavé, ¡sí, ese que va sin dorsal! Pero lo dejamos que pasara, a los demás, a ninguno.
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Vamos, venga, ha llegado el día. La hora se aproxima y no se puede llegar tarde. La situación requiere de la máxima puntualidad para coger buen sitio y no salir muy tarde. Los tiempos que hagas en la prueba contaran a partir de cuándo pases por la línea de salida pero los tiempos de corte cuentan desde el momento de dar la salida, así que cuanto antes pases más posibilidades tienes de poder hacer la prueba entera…..la prueba entera, que locura, si no creo que llegue ni al primer corte, pero lo que está claro es que vamos a salir todos juntos y lo intentaré con todo mi empeño.
Siete de la mañana y estamos en la cola de salida con muchos ciclistas ya delante de nosotros (¿qué pasa, aquí no duerme nadie?) después de dejar los vehículos a unos cinco kilómetros del pueblo, justo donde se acabará el primer tramo corto de asfalto y giraremos hacia los caminos de tierra cántabros. Desayuno a base de pasta de avena y otras chucherías calóricas preparadas por los distintos integrantes del grupo entre risas, abrazos, fotos y nervios a la espera de escuchar la traca y la canción que marca el principio de la prueba. Intento recordar recorrido, consejos y demás cosas que pueden resultar importantes pero a estas alturas eso ya da igual. Lo más importante es salir y disfrutarlo. A eso hemos venido, no importa nada más. Si así lo pudiera conseguir sería el mejor Soplao que pueda hacer, independientemente del resultado deportivo final.  
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No sé cuánta gente había allí, pero eran las siete de la mañana, sólo se veían cascos y bicis en la calle y ni un solo hueco de asfalto, mirases hacia donde mirases. Eso sí, recibimos la amable visita del enbiciado Agustín Malavé, que tuvo el detallazo de venir a animarnos ¡!!
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Minutos antes de la hora e intentando no darle vueltas a la cabeza me acuerdo de los que no están, en especial de mi madre y de nuestro querido Capi, sin el cual no me encontraría en esta situación: mirada al cielo, sonrisa y ojos vidriosos. Pido que me ayuden, que velen por mí para que no me pase nada, que me apoyen para que en ningún momento me falte la ilusión de seguir intentándolo aunque las fuerzas físicas me abandonen. Momento especial. Y justo después…..BOUMMM!!! traca de petardos y primeros acordes de la conocida canción que da lugar a la salida. Pulsaciones a tope y a empezar a rodar.
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Y ya después de aquellos momentos de nervios, risas, fotos, último desayuno Nikoenergético, empieza la acción: Thunderstruck y a dar pedales todos!! Ah sí, se me olvidaba que llovía… y qué más da!!!! Vaaaamoooonooosssssssss!!!


La primera parte
Me cuentan mis compañeros que lo más complicado son los primeros kilómetros, por lo que recomiendan disfrutar del pueblo y de la gente y a partir de ahí avanzar ligero porque seguro se producirán embotellamientos y aglomeraciones. Así fue, una gran concentración de ciclistas en donde muchas veces ha habido que parar…
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Saliendo de Cabezón nos agrupamos hasta que nos encontramos el primer tapón. Pie a tierra y paciencia, aunque enseguida conseguimos montarnos de nuevo y seguir rondando. Buenas pendientes iniciales para calentar piernas donde se comienza a estirar el pelotón.
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Primeras pedaladas y la rodilla se queja un poco y sin buenas sensaciones , elijo separarme del grupo y hacer la guerra por mi cuenta para no condicionar al grupo a ir a mi ritmo o forzarme a un ritmo inadecuado.
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Entre tanto ciclista lo más fácil es perderse, salimos al ritmo de cada uno  y después… ya nos encontraremos, nos llamamos… ya veremos.
Así que tiro hacia adelante, asombrado por el ánimo y expectación mostrado por un público TAN entregado ¡. No sé si eran los nervios o qué, pero me sentía más fuerte que nunca… a lo que me digo a mí mismo…  frena… que quedan muchos km por delante… y muchas pendientes ¡… No llevo a ningún compañero cerca y pienso que han pasado delante de mí. No me preocupa, sé que antes o después nos veremos.
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Yo me salí de la trazada, vamos que me subí a la acera, y de pronto me encuentro en la primera subida entre una marabunta de gente que aunque quisieras caerte es que no podías, como el metro en hora punta. Era un verdadero trabajo de equilibrio. Piensas que claro es el principio y es normal ir todos junticos, pero es que fue así durante por lo menos 60km. ¡Yo que no soy capaz de ir a rueda porque me agobio! Pues a tomárselo con calma.


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Pasamos la línea de salida casi ya desperdigados entre tanta gente a ritmo del Thunderstruck que hace que suban un poquito más las pulsaciones y rápidamente recuerdo el consejo de un gran amigo: “hay que controlar, esto es una prueba de fondo. No se pueden quemar energías ni cartuchos de más que vamos a necesitar mucho más adelante.” Intentando controlarme pasan rápidamente los primeros cinco kilómetros que hicimos al revés para llegar al pueblo y entramos en camino de tierra. Primeros atascos en las zonas donde se estrecha el camino, primeras rampas cortas pero demoledoras en las que hay que ir dosificando bien, y a partir de aquí es todo un devenir de paisajes alucinantes, gente entregada al borde de la carretera para animarnos a todos, miles de sensaciones mezcladas con paisajes, subidas de infarto, bajadas de más infarto sin descanso para llegar a pasar los cortes…
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Primeras rampas y ya te haces una idea de lo que te espera… SUFRIMIENTO. Rampones increíbles te ponen sobre aviso de que el Soplao no es para tomárselo a la ligera.
Los primeros kilómetros voy despacio, con la confianza de poder ir de menos a más y poder ir recuperando sensaciones. Los primeros kilómetros hasta el primer avituallamiento los sorteo a ritmo tranquilo. Me encuentro con Agustín Malavé y le pregunto por el grupo que rueda 20 min por delante de mí.
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En la primera parte de puertos cortos no me encontraba nada bien, notaba que no iba a mi ritmo, el pulso iba disparado, no iba cómodo, algún amago de tirón, aquí tuve mi momento de bajón, calculaba todo lo que quedaba por hacer y me parecía inmenso, calculaba las horas que quedaban y me parecían demasiadas ... pero sobre todo, me quedé solo, sabía que llevaba a Agus por delante y que detrás mía estaban Isra, David y Novoa, en ese momento pensé que si hacía esto entero, no quería que fuera sólo, necesito a mis compañeros para hacer esto, no voy a poder hacer esto sólo. Un poco más adelante, en un cruce encontré a Agus y a Laura parados y literalmente les “robé” un abrazo a cada uno, y así de fácil se terminó mi momento de bajón, y ese es el efecto que tienen los abrazos.
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Y claro llegan las bajadas y, pues lo que pasa en estos casos, ya me lo decía Olivares, me arrollaron y al suelo que fui. Con esto no contaba, aunque por suerte no fue grave y aun con dolores este percance no me podía impedir terminar, a no ser que me volvieran a tirar…
A partir de ese momento temblaba cada vez que había una bajada. Porque si las subidas eran durísimas las bajadas me resultaban mucho peores, y me veía que era carne de cañón.
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Primera bajada… uffff muy peligrosa, con barro arcilloso que patina muchísimo. Seguimos con mi ritmo tranquilo y viene un terreno rompepiernas con continuas subidas y bajadas y me percato que he perdido uno de los bidones así que sin saber dónde está el siguiente avituallamiento toca reservar agua.
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Tras una serie de subidas llega la primera bajada, en la que se nota que hay muchísima gente bajando a la vez y que hace que tenga que extremar la precaución. Veo a un participante doliéndose en un lado de la pista tras una caída, algo que me confirmó nuestra compañera Auxi cuando nos encontramos unos kilómetros más adelante ya que precisamente ella había participado en esa caída múltiple: le hicieron un sándwich entre dos que acabó con los tres en el suelo. Esta imagen me rondará en toda la ruta y seguramente habrá penalizado mis bajadas ya que no arriesgué ni lo más mínimo por miedo a sufrir una caída que me impidiera terminar. Estábamos aquí para disfrutar y terminar, a poder ser enteros.
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Subida a las cuevas del Soplao… hasta se agradece ese tramo de asfalto después de calentar por los caminos y fuertes pendientes iniciales. Agustín Malavé que está de espectador, me saluda nuevamente y me confirma que no ha pasado nadie de los demás compañeros??? … no me encaja, últimamente no suelo ser de los que marcan ritmo delante, y menos aquí…
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Unos kilómetros más rodando con Auxi y subimos a las cuevas de El Soplao, donde nos encontramos con parte del grupo en el avituallamiento. Tras un par de plátanos y un botellín de bebida energética empezamos a bajar por una pista de tierra roja que no levantaba polvo gracias a la fina lluvia mañanera y que me llamó la atención por ese color tan vivo, más propio de una pista por el desierto que de una montaña cántabra.
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Primer punto de avituallamiento y me veo solo “repostando”, dos plátanos, bebida y a seguir… No sé qué impone más, las subidas o las bajadas ¡ infernales, realmente hay que tener mucha precaución porque parece realmente fácil sufrir una caída…
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Paso la parte que llaman el Rompepiernas y vaya que si era dura… Pero hecha está!! Me duele el golpe pero qué bien que voy! Ahora me quedan.. solo unos 2/3… aún 2/3?? pufff que pereza!! Que esto ha sido muy duro! Entonces empiezo a encontrarme a los chicos que habían salido un pelín detrás. Eso sí que da alegría. Nos vamos viendo en subidas y avituallamientos. Dos palabras, un trago de agua, un par de bocados y a seguir que nos cierran la puerta (primer corte) y fuera hace frío!!
A ver esa camiseta naranja que la pierdo y me quedo sola, aquí está!! Así pasé más de 100 km, con Gerardo!
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Tras las cuevas, llega monte Aa con una variante inicial que añade una subida de un par de kilómetros con un desnivel brutal. Aquí toca echar pie a tierra, somos demasiados ciclistas juntos y la pendiente tira abajo a los menos habilidosos, obligando al resto a bajarnos. Un poco de empujabike y llegamos arriba, donde comenzamos a subir ahora sí por las pistas de monte Aa. Para mi, seguramente sea la subida más dura de toda la marcha. En una de sus curvas, está la famosa señora de las gominolas, animando a cada uno de nosotros y ofreciendo tanto gominolas como agua. No hay palabras para agradecer tantos ánimos a lo largo de la carrera.
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Lo siguiente se resume en… subidas imposibles y bajadas sinuosas que no dan tregua ni descanso.
En los tramos entre puertos intento rodar lo más rápido posible para poder recortar distancia  con los Enbiciados que van por delante y con la esperanza de que los siguientes puertos más largos pero más tendidos me sean más favorables y me permitan llegar a tiempo al primer corte y desde ahí y con más margen unirme al grupo.

El Moral
Todos los que ya conocen el Soplao coinciden en que el primer puerto largo es el que te pone en tu sitio, es el que te dice si vas bien o no, hay mucha gente que abandona aquí.
Cuando yo terminé este primer puerto largo, sabía que me encontraba bien, me gusta mucho subir puertos y el Moral me sentó muy bien ... cuando lo terminé y me pregunté si podría volver a subir otro igual, me respondí algo así como “ahora ya he calentado, podría subir otros 2 como este”
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Ignorante de mí, voluntariamente no me estudio el track. Prefiero vivir en la ignorancia y no saber cómo es el trayecto, lo que tenga que venir que venga ¡… como suele decirse “ojos que no ven.. corazón que no siente…”. Después del segundo avituallamiento comienza una subida que parece tendida y larga, muy larga. Nada más comenzar me quedo sin poder utilizar un piñón… y después otro… y así hasta tres de los centrales… Me contrarío mucho, y empiezo a pensar que debía de haber sustituido cadena y piñonería en lugar de sólo cadena. Pero ya estoy ahí y no puedo hacer nada (por lo menos de momento)… Noto que me agoto más de lo que corresponde, a causa de esto o voy muy forzado, o muy revolucionado… esto me enfada y la cabeza empieza a poder conmigo… Paro para descansar, y una mano se apoya sobre mi hombro, “estás bien?... pensábamos que ibas detrás, tienes a Fernando muy preocupado ¡!!”… era Nicolás ¡ … le digo que estoy bien, pero que estoy teniendo problemas mecánicos… ahí que seguimos subiendo… finalmente resultó ser la subida del Moral,
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La subida al Moral me hundió. ¿Se llamará así porque pierdes la moral? Debería llamarse el Desmoral... Me dediqué a decirle a todo el mundo que estaba harta, que yo allí no iba a volver en mi vida, que me quería ir, que de verdad era un infierno, y si alguien hacía un comentario similar yo allí, apoyando la moción.
En la bajada del Moral estaba el temido corte, que lo pasamos con holgura. Mucha alegría pero sin moral. Y es que… aún quedaban 80 km para terminar. Eso no es mucho, no?? Pues es la mitad!! Y encima contando que ya vas tocadillo y 7h de duras subidas y bajadas, pues como mínimo te quedan otras 7. Para llorar. Estaba totalmente decidida a quedarme en la casa al pasar por allí.
Entonces me encuentro en el avituallamiento a… pero si están todos aquí??? Fernando, Jarein, Niko, Nicolás, Gerardo y Pablo. ¿Qué ha pasado? Problemillas con la bici de Pablo.
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En el avituallamiento antes de subir El Moral, nos encontramos Auxi, Niko y Jarein. Salimos separados para no retrasarnos y comienza la subida, no excesivamente dura pero sus 12 km se me hacen largos. Lo único en mente durante esta subida es saber que después de El Moral está el primer corte y que vamos muy bien de tiempo.
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Empiezo la subida a el Moral y empiezo a tener calambres en la cara interior del muslo, primero una pierna y después ambas por lo que pierdo toda esperanza de pasar el corte y tras una docena de paradas para estirar y rodar muy despacio corono el puerto y descanso en el pequeño avituallamiento antes de una larga bajada y haciéndome a la idea de que éste año no va a ser.
Llego abajo y como preveía me desvían por carretera. Resignado a pasar el día entero en Cabezón a en un punto me  desvían de la carretera y sigo las indicaciones de la organización.


Cruz de Fuentes
Me adelanto al salir porque como voy más lenta me van a pillar en seguida. En esto que decido que ya es hora de poner recto el sillín que desde la caída va torcido y ya me está molestando demasiado y quizá eso contribuye a mi estado de ánimo. Así que me paro a ponerlo recto y empiezan a pasar todos. Pero sorprendentemente me uno y estamos un rato rodando juntos. Yo pensé “me han visto tan mal, quejándome por todo, que si me voy a la casa.. y están haciendo una obra de buena fe quedándose un ratillo conmigo, qué majos, si es que son un sol”. “Venga, se van a ir ya”. “Ahora sí que se van, están perdiendo mucho tiempo”… “¿Qué les pasa? Esta subida es muy suave, ellos suelen ir a un ritmo mucho más fuerte, yo no soy capaces de seguirlos nunca”. “Venga Nicolás, pasa ya ¡leches!”.
¡Pues que me vine arriba! ¡¡Y qué bien me lo pasé señores!! Si es que era el sillín fijo!!!  Me dediqué a hablar con todos, con los que adelantábamos, a animar a esos pobres que ya estaban rotos, en algún caso hasta ofrecí mi maravillosa bicicleta; a veces se nos unía gente, normal iban todos tan serios...
He de decir que fue una suerte grandísima encontrar a esta parte del grupo de amigos, que sin ellos muy probablemente yo no hubiera terminado, y de hacerlo no hubiera sido ni de lejos lo divertido que fue.
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No voy a olvidar ese momento cuando nos juntamos la mitad de la familia subiendo uno de los grandes puertos, la Flamenca por delante del grupo, llevándonos, marcando ritmo, abriendo camino entre las multitudes de ciclistas. Qué mujer! Qué sonrisa! Hablaba con los demás ciclistas, les ofrecía su bici porque iba sola, yo alucinando, he intentando no perderla de vista.


Al paso por la casa
Este tramo, desde el Alto de la Cruz de Fuentes hasta la casa fue para mi el segundo más duro de la ruta, no por lo físico, sino por lo mental. Pensar que la casa estaba a menos de 20 km y ver que cada vez se subía más por pistas tendidas, estaba afectando demasiado a la moral. Aprovecho este momento a poner en el MP3 que llevaba una buena ración de música cañera, me bajo de la bici, saco un par de fotos al paisaje y, tras organizar las ideas, continúo hasta la casa.

Al llegar, me encuentro el sorpresón, ¡Jarein y Niko comiendo macarrones! No os los comáis todos… ¡que yo también me apunto a meterle mano al tupper! Me siento relajadamente a comer, me cambio de ropa que ya empezaba a hacer bastante fresco en las bajadas… y en marcha.
Fuimos saliendo poco a poco cuando cada uno lo necesitó, ya con una despedida que indicaba que a partir de ese momento no parecía que fuera a haber más momentos para compartir la ruta “nos vemos en casa… ¡o en Cabezón!”.
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- “ El de Movistar se ha ido hace 10 minutos, te estaba esperando. ¡Si te das prisa le coges! “
Un nudo en la garganta, las piernas vacías, el corazón lleno pero que ya no bombea ni es capaz de revolucionarse para lanzar energía a las piernas, el culo escocido, las manos doloridas, la cabeza llena de cuervos revoloteando. Cuervos que graznan, que pican, que chillan, que me hacen tener ganas de llorar, que me provocan, que me engañan y me hacen sentir estúpido tras 13 horas de pedaleo, que me obligan a arrepentirme de estar allí, que qué narices estaba yo pensando cuando me volví a enrolar en esta tortura de 165 kilómetros y no sé cuántos miles de metros de desnivel.
Pero eso sólo fue un rato, ya en la ducha pensaba que vaya maravilla de experiencia, otra vez. Lo obvio, el paisaje, el entorno, la prueba, la bici, la gente, el ambiente. Lo valioso, el esfuerzo, las ganas de repetir, las risas. Lo inigualable, el Equipo.
Con la E mayúscula, sí; de Equipo, de Enbiciado, de Entusiasmo, de Emoción. Y de mucha Empatía.



El temido Negreo

Me indican que cruce la carretera y por un camino empinadísimo y con cientos de personas a los lados empiezo a oler a…. parrilla??? panceta???? El Negreo!!!

Semanas antes Agustín me motivaba diciendo que en el último avituallamiento habia panceta así que me ubiqué al instante y me pregunto…. ¿¿Cómo leches he llegado aquí??? He hecho trampa??? Yo me he limitado a seguir las indicaciones!!!

Bueno … a lo hecho pecho y tan poco del final pues ya rematamos la faena. Ni rastro de panceta pero un lomo buenísimo.

El Negreo es … #paramearynohechargota. Después de lo hecho llegas aquí y quieres dimitir. Dos rampas de cemento rayado al nisecuantos por ciento … y después … otra al nisecuantos +10%.

Me armo de valor y pienso… los calambres me van a hacer un favor pero … ni rastro. Las dos primeras bien … la tercera pié a tierra … imposible!!!

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Y sigues, y más subidas … y más bajadas … hasta que llegamos al famoso Negreo ¡!!. Nada más empezar un subidón importante … ¡ y al acabar ese primer repecho, pincho de lomo ¡… quéee rico ¡… encaramos el último tramo, parando para poner las luces… El parar en casa durante la ruta nos ha llevado entre 35 y 45 minutos y esto se nota… No pasa nada ¡, lo estamos disfrutando ¡!!

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Observo el Negreo y es tal y como me lo han contado y he visto en vídeos. Un auténtico monstruo que sabe dónde te duele después de 140 km y lo aprovecha, haciendo que sus primeros 2 kilómetros sean los que más pendiente tienen de toda la marcha. Comienzo a subir y me voy dando cuenta de que esto no va a ser un paseo, que hay que tirar de piernas, riñones y hasta de dientes si hace falta morder el manillar. Las rampas van pasando, una tras otra, incrementando el desnivel poco a poco, hasta que llega un último par de rampas con un desnivel brutal en el que veo desde lejos cómo la gente desmonta sin ni siquiera intentarlo.
Pero yo no, nosotros no, nosotros no hemos llegado aquí para no intentarlo. No nos vamos a rendir. No vamos a aceptar el tener que bajarnos sin intentarlo. Y lo intentamos, y lo conseguimos. Y al subir dejamos atrás andarines. A monturas mucho más caras. Y una sonrisa comienza a asomar. Estamos aquí, arriba, viendo atardecer desde la cima del Negreo, desde donde ya no queda nada para terminar. Y decides que es el momento de sacar una foto en la que se vea la belleza del Norte, de mis montañas verdes todo el año, de este atardecer desde donde se puede ver el mar. Y continúas sabiendo que has terminado el reto, que llegarás de noche, pero que llegarás.
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Ya sólo me queda terminar… pero a estas alturas se me hace interminables en el tramo de carretera me “pico” con un grupo y tiramos a muerte los últimos kilómetros hasta que volvieron los calambres.
Llego a Cabezón con el grupo de los “buenos” SUBIDOOOOOOONNNN!!!
En la llegada me encuentro con Gusmetal … le comento mi participación y me pregunta cuantos kms me han salido … miro el GPS y ¡¡¡¡¡ 122kms y 3500m de desnivel!!! Había hecho la plata!!!
Sabor agridulce … por una lado me hubiera gustado completar el Soplao pero por otro lado, pienso que para alguien como yo, que lleva menos de 2 años montando en bici desde cero y con 47 años, no puedo por menos que estar orgulloso de lo conseguido. Pero más aún de que mis compañeros de fatigas lo hayan conseguido y varios en su primer intento. Me quedé a recibir hasta el último de ellos como estoy seguro que hubieran hecho conmigo. Lástima de Israel que no pudo terminar pero estoy seguro que el año que viene los conseguiremos … verdad Isra????
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Ya estábamos a punto de terminar, solo quedaba disfrutar de los únicos kilómetros en llano pero… ¿qué veo? ¿Tres mujeres aquí? ¡De ninguna manera! “Vamos Fernando que tengo que quedar delante de ellas. Díselo a Pablo que se prepare”. Fue gracioso porque íbamos en un pelotón, Fernando frenándome para que reservara… En esto que me pongo a adelantar… que se me fue de las manos y me puse la primera del pelotón. ¿Pero qué hago yo aquí? ¿Y si ahora no tengo fuerzas? Qué vergüenza, ¿no? Entonces me da por tirar  y cuando miro para atrás… pues que no venía el pelotón, pero es que Pablo tampoco venía! “Pablo tú no te tenías que quedar… Ais”. Y así entré con Fernando, haciendo un sprint como si me hubiera quedado con ganas de rodar.
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El día fue transcurriendo entre todas estas cosas y mi perplejidad al comprobar que por dura que fuera la ruta, entre los que estaban a mi lado, los que animaban desde la cuneta y los que empujaban desde arriba (#GraciasCapi) fui cumpliendo con las etapas para llegar a los cortes y después de necesitar de diez horas y pico más que el primero que llegó a meta, allí estaba yo, poco antes de que llegara el coche de cierre empujando, cruzando esa ansiada meta con una versión “oro” del Soplao en mis piernas, siendo el último del grupo nuestro que lo conseguía y con una felicidad en el cuerpo que no me dejaba sentir el cansancio acumulado en el cuerpo.

La gente se desvivía animando
Me llamó poderosamente la atención que muchas de las personas que animaban se movían en coche por distintos puntos del recorrido, avanzando con nosotros ¡ las caras comenzaban a resultar conocidas ¡ … sencillamente increíble…
Yo soy aficionado a los rallyes, son muy bonitos y el ambiente es buenísimo. Pues bien, tengo que echar la memoria bien atrás para recordar un ambientazo como el que crean los espectadores del soplao ¡. Familias enteras en las cunetas, con los coches aparcados comiendo al sol de un maravilloso día que para nada parecía por la mañana que fuésemos a tener por delante…. Repito, SIN PALABRAS ¡…
La gente, el paisaje… el ambiente creado por los ciclistas. Organización, protección civil, personal sanitario… tanta gente pendiente de todos que devoras las horas, los kilómetros, parece que no te enteras y no nos cansamos… parece que no te consumes…???  ¿seguirán siendo los nervios???... está claro que te mantiene la tensión y la llevas dentro …
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Las balas que son capaces de devorar kilómetros sin casi despeinarse, los que tiran de fuerza de voluntad para superar cada escollo, los que tuvimos que ir mirando la hora durante las primeras 8 de carrera para pasar el temido corte, y que compartimos tantos y tantos kilómetros donde siempre planeaba siempre ese dentista que nos esperaba detrás de cada curva. No es que nos prestara dientes, sino que nos prestaba algo mucho más importante: su sonrisa, su ánimo, su rueda, su apoyo, fue el aficionado que nos empujó en las rampas del Monte Aa, el psicólogo que nos trató en el Moral, el actor que nos hizo reír en Fuentes... Un lujo.
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La gente se desvivía animando. ¡Qué grandes! A las chicas, al ser tan poquitas, nos tenían mucho aprecio. Muchas gracias a todos esos anónimos que te alegran un gran esfuerzo.


Los agradecimientos
Dieciséis horas y media después de pasar por la línea de salida volvía a cruzarla, esta vez como meta, henchido de felicidad, y recibiendo con alegría los abrazos y enhorabuenas de los compañeros que estaban esperando (algunos horas) en la meta para demostrarme el cariño que nos une y que en familia podemos conseguir lo que nos propongamos. Los 164 kilómetros y 5005 metros de desnivel acumulado que marcaba mi GPS en ese momento son solamente los datos que corroboran tal afirmación.
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Y pasan los puertos seguidos de bajadas, todos los caminos amplios algunos con un poquito más de dificultad técnica que otros, la gente animándote. Y de repente te das cuenta que se acaba, el día está a punto de irse y con él esa experiencia tan bonita! Es lo de menos acabar la larga, media o corta. Pasar un fin de semana cargado con tantas emociones no tiene precio!  
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Pero lo mejor de "mi Soplao" es la gente con la que fui, con la que iré. Ese Equipo.
Siempre con mayúsculas con los Enbiciados. Da gusto sufrir así. Ni en el momento de retirarme, al paso por nuestro alojamiento, colocado estratégicamente en el kilómetros 130 de la prueba, dejó de acompañarme el de Movistar, por boca de esos lugareños que aún a las 9 de la noche animaban al paso de los sufridos ciclistas. Gracias Agus.
Especial mención a David, gigante en tantos aspectos que podría dedicarle líneas y líneas. Laura, molinillo y sonrisa. Felipe, corazón y muchas piernas. Novoa, fuerza de voluntad y carisma. Niko, un mago venido de Bulgaria. Pablo, que nos dejó Siniestro Total en la salida y no le vimos más, figura. Los Patxis: Jarein y Fernando. Gerardo y Nicolás, otros dos hombres bala. Auxi, prestando bicis a pros que iba dejando en la cuneta de cada ascensión... Especial mención a todos, al final. Imposible no hacerlo.
Y el año que viene más, y yendo con este Equipo, mejor.
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Pasas por la meta, escuchas tu nombre, qué felicidad!!! Que lo he conseguido!! No me lo creo!!! Y hasta un amigo nos espera en meta, yujuuuuuuuu ese Novoa!!!
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Ya lo habíamos hecho ¡ ya está??? ... pues sí … cansados??? … claro!!! … pero no mucho más que un sábado de salida fuerte … A ver, está claro … ir en grupo, plantearse disfrutar el día … hace que todo parezca más fácil… Sobre todo con vosotros, enbiciados… todo parece más fácil … sin duda ¡
Además de todo lo que estábamos recibiendo en directo, cantidad de gente pendiente de nosotros por facebook, por whatsapp… llamando… interesándose y animando incesantemente… ¿cómo no me voy a plantear volver??? … No tendría sentido ¡!!
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Gracias a mi sponsor, a mi personal trainer,  al fisio, al masajista, a mi nutricionista, a mi mecánico, sin vosotros esto no hubiera sido posible.
También especialmente gracias al que me sacó del anillo ciclista y me enganchó a pisar la tierra, a conocer la Comunidad de Madrid y me quiso perder en Toledo ;), a mis 12 contrincantes (Fernando, Jarein, Niko, Nicolás, Gerardo, Pablo, Laura, Agus, Isra, Novoa, Felipe, David 6D2), a los otros contrincantes que no fueron y que animaron en la distancia, a todos los que me rodean y me alegran la vida.
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Creo que después de todo lo que os he contado no es necesario explicar porque quiero y espero poder estar al año que viene rodeado de los que me quieren (los que este año pudieron y muchos otros más), con los vellos de punta y el corazón acelerado unos minutos antes, esperando oír los primeros compases de esa canción que cada vez que oímos cualquiera de los que hemos estado en esa línea de salida nos trae tan buenos recuerdos.
Mis agradecimientos a todos y cada uno de los que allí estuvo conmigo (Isra, Pablo, Jarein, Niko, Fernando, Gerardo, Laura, Nicolás, Felipe, Auxi, José Luis) y en especial a Agustín, que sacrificó su propio disfrute y la posibilidad de hacer un mejor tiempo por cuidar de los que nos quedamos más rezagados. Espero que el año que viene estemos todos allí otra vez y consigamos llevar a otros muchos enbiciados más a que disfruten de tan bonito evento.
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Más allá de hacer 120 o 160 km y de tener la sensación de un reto cumplido o semicumplido, pienso en la sensación de soledad que tuve en los primeros momentos de mi llegada.  Me di cuenta más tarde de que llegar con cualquiera de "mis enbiciados" hubiera sido el colofón perfecto, o ver a alguno de los míos esperando la llegada del resto. 
De ahí que al ser el primero en llegar quise esperar a todos y darles el abrazo que yo necesitaba y quiero pensar q ellos también.
Pasa igual que en la ruta de cada sábado. 
Para mí hay como fases y hay una que me encanta y no sé a que se debe... si es por el cansancio, por las ganas de acabar o q leches es, pero es cuando la ruta pasa a ser quedada, fiesta. Las piernas van solas y me parece q he estado todo el día pedaleando para conseguir ese momento único en el q no querría estar en otro sitio ni con otra gente.
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Este año participan también Auxi (la Flamenca, olé!), Pablo (el Rey, no otro), JL Novoa (risas garantizadas, una enciclopedia vamos), David Seisdedos (el más bajito en el grupo!), Gerardo(el nuevo Patxi ), Nicolás Bueno (sí sí, el bueno) y último pero no por importancia Felipe (ese chico tiene un corazón enorme, casi tan grande como su sonrisa) aparte de los ya habituales Fernando (El Patxi adoptivo), Isra (el Thunder), Agustín (paquete como yo, pero éste es EXPRESS), Laurita (el MOLINILLO), Jarein (El Patxi ) y yo.  
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Para terminar, no puedo hacerlo sin recordar que … por estas fechas hace algo más de un año que nuestro capitán nos ha dejado inesperada y repentinamente… ese, ese que nos dio la oportunidad de conocernos y de cultivar este espíritu de equipo y de familia que hace que todo se disfrute como nunca y que hace que nunca te sientas solo sobre la bici…  pensándolo bien, ni fuera de la bici tampoco… si es que esto llega mucho más lejos de lo que parece …
Las 4-5 primeras horas he rodado solo… pero no, se que no iba solo, que había alguien a mi lado con una gran sonrisa y sin perder ojo de nada…. También se que los demás compañeros tampoco rodaban solos, todos íbamos acompañados de una forma o de otra por ese Antonio que apreciaba, quería y al que le importábamos todos… sabía sacar lo mejor de cada uno de nosotros…
Muchas gracias capitán, muchas gracias enbiciados… muchas gracias a todos los que sin estar en Cantabria, estabais de alguna forma…
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#GraciasCapi



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