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sábado, 24 de noviembre de 2018

Sierra Norte Bike Challenge

Así vivimos la Maratón más dura de la Comunidad de Madrid


Hace unas semanas os hablamos de la Sierra Norte Bike Challenge (SNBC), una dura prueba de Mountain Bike que comparábamos con la que ya se ha convertido en nuestra clásica del mes de Mayo: Los Diez mil del Soplao. No es que nos guste competir, los que conocéis nuestras rutas seguramente os sorprendáis siquiera de que lo hagamos, no nos gustan las prisas ni nada competitivo más allá de quién llega primero a la siguiente loma, en fin, la competencia sana entre ciclistas. Pero sí que hay algo que nos gusta y son los retos, hacer cosas que nos lleven un poco más lejos que nos desafían, y también hay algo que nos gusta, más aún, nos encanta, y es disfrutar de los mejores paisajes las mejores montañas, valles, ríos y cascadas de nuestra Comunidad. Así que por eso, y con la sana intención de ver si la SNBC es el Soplao Madrileño que nos gustaría que existiera, ya os lo adelantamos, unos pocos nos apuntamos en uno de nuestros habituales ataques de locura. Y digo locura porque, al menos en mi caso, y a diferencia del Soplao, ha sido algo que nos ha cogido en el peor momento de la temporada, cuando recién acabamos de empezarla y el frío y las pocas horas de luz nos obligan a hacer rutas más bien cortas y alejadas de los retos. Pero bueno, fuera excusas, queremos contaros cómo nos fue, y qué cosas nos gustaron y que cosas no tanto





Los actores de esta película, habituales de este grupo fuimos: David 6D2 y Yolanda, Fernando y Jarein (los Patxis), Carlos Gregorio (Carlinhos), Gerardo, Nikolay y finalmente David Arranz y yo mismo (Agustín). Seis de nosotros nos apuntamos en la modalidad de parejas, que resultaba mucho más económica al ahorrar el coste de la licencia por un día que sí que había que pagar en la individual (al ser una modalidad “competitiva” para el campeonato de Madrid de Ultra Maratón MTB). 

 

La carrera:

Dada la longitud, la carrera empieza a las 6:30 de la mañana, del sábado 3 de Noviembre (punto negativo, nos perdimos la ruta enbiciada :-D ) desde la localidad de Lozoya. Sí, tan temprano. Eso nos obligó a buscar alojamiento desde la noche antes, dado que desplazarnos en el día (más de una hora de coche) era mucho madrugar y además hay que recoger los dorsales. Nos alojamos en el Hostal Paulino, encontrado por David Arranz y que nos dio bastantes posibilidades (4 apartamentos para 2/3 personas en los que muy bien hubiéramos cabido 4). Durante toda la tarde vamos llegando en un goteo de coches y tras acomodarnos un poco pasamos a recoger los dorsales. Lógicamente, el alboroto no es el mismo que antes del Soplao. Somos solo 400 los inscritos frente a casi 4000 para la carrera cántabra. Aun así, se rezuman los nervios. Además de recoger el dorsal, hay una novedad para nosotros. Es el momento de dejar dos bolsas que la organización se encargará de llevar al kilómetro 70 y 150 respectivamente. La idea es meter en ellas cosas que no necesites al inicio de la ruta pero sí al final. Luces extra, ropa de abrigo, o viceversa, poder dejar a mitad de ruta algo de ropa sobrante. El caso es que la falta de costumbre (no sabemos si esto será normal en carreras de “pros” nos pone bastante nerviosos. Estamos habituados a apostar por una equipación y/o cargar con todo lo necesario para las peores circunstancias posibles en nuestras rutas enbiciadas. Así que nos rompe un poco los esquemas y llevamos toda la semana cavilando que meter en la bolsa 1 y qué en la bolsa 2. Aparte de eso, recibimos los regalos por participar, bastante generosos he decir. Un Buff, y calcetines de la carrera, así como un par de bebidas “sanas”, y la habitual publicidad/descuentos en servicios varios (incluido un centro de depilación... está claro, esta carrera es más para “pros”)
 

Es esperando esa cola que un par de chicos de la Organización toman a Yoli por banda y la somete a una entrevista que podéis ver en el video oficial. Y desde allí, ya todos juntos volvemos a los apartamentos para disfrutar de una cena en común bien cargada de carbohidratos y risas para aplacar los nervios.

Sábado, 5:30 y suena el despertador. Hay que prepararse. Desayunar, ponerse la equipación elegida para la salida y montar en las bicicletas. No tenemos cafetera en el hostal y es demasiado temprano para encontrar algo abierto, así que recurrimos a métodos “tradicionales” de filtrado. Hay quien no puede salir sin cafeína en las venas. Hay que salir con focos, porque aún es noche cerrada, y hace bastante frío. En la carpa de salida nos esperaba café caliente que no tomamos, porque, sencillamente no esperábamos que lo hubiera. En todo caso, un detalle por parte de la Organización. También en salida existe la posibilidad de dejar una tercera “bolsa”/ropero para recogerla al llegar a meta. Una facilidad que nosotros no necesitamos (el hostal está a poco más de 200m de meta) pero que entendemos puede ser muy práctica para quien no se aloje en Lozoya. También en la salida nos entregan un geolocallizador de la Organización. 
Debemos transportarlo con nosotros hasta meta, y con él, tanto la Organización, como cualquiera (familiares, amigos, e incluso nosotros mismos) a través de una web habilitada al efecto pueden tenernos localizados durante toda la carrera. Un invento realmente interesante, tanto por seguridad (si te sales del recorrido o si tienes un accidente la Localización puede llamarte y enviarte asistencia inmediatamente), como por diversión. De ese modo, familia enbiciada pudo seguir nuestros avances en la carrera, e incluso, nosotros mismos, ubicarnos unos a otros en carrera, en aquellos momentos en los que la diferencia de ritmo nos separaban a unos grupitos de otros. Punto positivo para la Organizaión en esto. Entre unas cosas y otras, y cierto problema con mi equipación, y con la tranquilidad de saber que somos pocos y no va a haber los habituales ”tapones” de carreras más masificadas, salimos de los últimos, lo que no supone ningún problema. Ningún atasco nos cogerá en toda la carrera. Luces ya de salida mientras recorremos las calles de Lozoya e iniciamos la primera dificultad del día: el ascenso a la Horizontal de Navafría.
 Se trata sobre el papel del puerto más duro del día, aunque afortunadamente, nos coge frescos, y personalmente, se me hace mucho más sencillo de lo que pensaba. No tiene grandes rampas, y aunque es largo, casi 8 km, a oscuras al principio y disfrutando de los albores del amanecer a partir de la segunda mitad, apenas supone un problema. Sí tengo un par de problemas mecánicos lo que unido a que estoy flojo y que conviene regular ante una carrera tan larga, hace que me quede algo rezagado del grupo. Afortunadamente para mí, ajustes de la nueva bici de Fernando han hecho que los Patxis vengan aún un poco más atrás, así que en cuanto me ven parado con la bici “panza arriba” acuden a socorrerme y después de solucionarlo, no me dejarán solo en todo el ascenso. Hasta aquí tenemos el cierre asegurado. 
Una vez en la Horizontal, ya con esa luz dorada del día recién amanecido, empezamos a disfrutar de los paisajes que nos van a acompañar todo el día: La Sierra del Rincón, El embalse del Atazar al fondo…Una delicia para la vista que justifica de sobra el madrugón, y la locura de apuntarnos a esta carrera. Y por si eso no fuera suficiente, un regalo más. Aquí y allá la pista está salpicada de nieve. No es tanta como para dificultar el pedaleo, salvo en algún pequeño tramo de unos metros, pero sí le da aún una mayor belleza a este tramo. Es difícil no emocionarse, y al menos nosotros paramos a hacer muchas fotos, que se añadirán a las oficiales de la Organización (sí, a esas horas ya había fotógrafos apostados en lugares estratégicos para cazarnos). El día es frío, pero durante la subida hemos tenido que aligerar buena parte de la ropa, y en la Horizontal nos toca volver a ponerla. Las temperaturas son bajas, y corre un viento racheado que por tramos hace difícil el avanzar, y casi el permanecer sobre la bici. Pero la verdad es que lo disfrutamos enormemente. Sin duda, de los puntos más memorables de la carrera. 
 
 

Desde la Horizontal, empezamos la bajada a Robregordo, donde nos espera el primer Avituallamiento. Es una bajada sencilla, pistera con un par de tramos sobre hierba, en los que tenemos que orientarnos con el GPS, porque la carrera no está señalizada. Es algo de lo que ya estábamos advertidos, pero es importante destacarlo, frente a otras que conocemos. Tras una corta parada en Robregordo (km 47), para comer algo, comenzamos de nuevo el ascenso, esta vez al Collado del Mosquito. Tal y como suponíamos, el trazado coincide en muchos puntos con el de la TransCAM, en este caso con la subida que no ayudó a “calentarnos” después de la horrible Horizontal bajo la lluvia, y lo subimos tranquilamente. 
Hoy los recorremos secos, con sol, en un día espléndido y perfecto para rodar, fresco, pero con muy buena temperatura. La subida tiene alguna rampa más dura, pero en general, como toda la carrera, transcurre por pistas con desniveles asequibles, y muy lejos de las “paredes” del Soplao. No hay pendientes tipo “Bola del Mundo” en la Sierra Norte. Además de disfrutar del paisaje, ahora divisando la Horizontal a nuestra espalda subo charlando con Niko que me recuerda el punto donde una caída el puente de Mayo le costó una clavícula rota. Es hermoso además ver como conforme subimos, va cambiando la vegetación, de bosques caducos a pinares y, finalmente, en la cima, el Cerro del Mosquito (km 59), prados verdes desnudos de árboles. Es comenzando la bajada que Niko detecta que algo no va bien en su bicicleta. Parece que el nucleo vuelve a hacer de las suyas y empieza a pedalear en vacío lo que nos obliga a remolcarle con la goma en los tramos llanos, o pequeños repechos que encontramos antes de llegar al segundo avituallamiento, en el Puerto de El Cardoso (km 70). 
Y si hay que remolcar... pues se remolca
Allí, además de la primera bolsa con la que poder cambiarte de ropa si quieres (o dejar algo de abrigo que ya no necesitarás) hay asistencia mecánica y tenemos la esperanza de poder solucionar el problema de Niko. Los mecánicos son pesimistas desde un primer momento. No hay solución. Por si fuera posible, y como hemos visto los primeros abandonos, intentamos que alguien se apiade y le preste a Niko una rueda con la que poder seguir ruta todos juntos. Desgraciadamente, no es posible encontrar un recambio compatible, parece que es bastante especial, y el núcleo de Nikolay está completamente gripado. Así que muy a nuestro pesar Niko tiene que abandonar la carrera allí y ser transportado por la Organización hasta Lozoya. No negaré que en algún momento nos planteamos remolcarle hasta meta (nos quedan 140 km) pero afortunadamente, la cordura se impuso. A estas alturas, y con la avería aun más, el grupo se ha se separado bastante. Por delante va Carlos, muy destacado, y le siguen Fernando y Jarein juntos, mientras los demás (David Arranz, Gerardo, Yolanda, David 6D2 y yo) vamos juntos, como haremos casi hasta meta.

Así que algo tristes y después de haber perdido bastante tiempo, tenemos que seguir ruta. Desde el Cardoso nos espera una zona bastante rompepiernas, en la que iremos cresteando de loma en loma. Es realmente muy bonito ir viendo asomarse ambos lados de la Sierra mientras lo recorremos. Una pequeña subida nos lleva al puerto de la Hiruela y desde ahí, a la otra Horizontal que conocimos en la TransCAM, la que nos llevará a sobrevolar la Puebla de la Sierra, sin bajar al pueblo esta vez. Aquí y allá divisamos pistas que descienden al Valle, algunas que ya hemos recorrido y otras que nos quedamos con ganas de recorrer. Es otra de esas partes del recorrido que te dejan con ganas de más. En una de las bajadas nos encontramos a un ciclista que está siendo socorrido por la Organización y dos compañeros ciclistas, de una fuerte caída. La verdad es que no es un trazado difícil técnicamente, pero precisamente por eso, y por los muchos kilómetros, es importante mantener la precaución. Gracias a los geo localizadores podemos ver la situación de carrera. Carlinhos va muy destacado, y Fernando y Jarein nos llevan prácticamente una hora de ventaja. La grupeta de atrás mientras tanto empieza a notar el cansancio.
 

 Llegamos al avituallamiento, km 90, donde nos informan que andamos alrededor de la posición 270 de 400 (nada mal, teniendo en cuenta el tiempo perdido y que vamos muy a nuestro aire), y por fin, disfrutamos de ¡Flanes! Que la Organización había prometido. Es una de esas cosas que mentalmente te dan un empujoncito. Nos tomamos un descanso bastante largo, para disfrutar de la comida y, sobre todo, del paisaje. A partir de ahí tenemos una larga bajada, primero por pistas y, en una última parte, por un sendero trialero muy fuera de nuestras habilidades. Casi diría que de las de cualquiera. Estamos muy cerca del embalse del Atazar, justo en el lugar en el que el río Lozoya desagua en él. Y durante un buen trecho nos toca bajarnos de la bici y hacer algo de empuja-bike. 
Estamos junto al río Lozoya, y recorreremos así unos cuantos kilómetros. Es una zona de umbría entre un bosque de chopos, en el que al principio nos toca saltar por encima de algún tronco caído, pero muy muy bonita. Cruzamos el Lozoya por un puente entre aliviaderos y por ese bosque de Ribera bordeamos el Pontón de la Oliva antes de desviarnos por los Caminos del Canal hacia Patones. Es una variación de la ruta propuesta por la Organización para evitar el barro arcilloso que es frecuente en la zona más bajas dadas las lluvias de las últimas semanas. El trazado alternativo es muy rompepiernas, y a estas alturas es casi lo que peor nos puede venir, pero al menos no hay barro. El desgaste es mucho y psicológicamente, pasarlo mal en las rampas cortas (no más de 500 m) pero duras hace que uno se plantee seriamente si seguir hasta el final. Porque nos queda mucho, y lo sabemos. Llegamos por fin a Patones, que se encuentra tomado al asalto por turistas de “sábado” que colapsan su único acceso. La ruta pasa por ahí, así que tenemos que ir esquivándolos, estresados por entrar al pueblo, o por salir, resulta bastante molesto. Seguramente, algo a aprender por la organización. Este tramo nos lo podríamos haber ahorrado, la verdad. Pequeña bajada, que se hace por un sendero y llegamos a Torrelaguna (km 130). 


Pasar por Torrelaguna es siempre un Homenaje....#GraciasCapi
Allí nos toca ya encender las luces de nuevo. Y David Arranz decide que no va a seguir. La verdad es que el cansancio está haciendo mella en todos y lleva ya unos cuantos kilómetros quejándose de que el cuerpo no le va como debe. Su idea, seguir solo hasta Venturada (siguiente avituallamiento) pero ya sin nosotros. Al final usará el comodín de la Organización y pedirá que vayan a recogerle. Torrelaguna se atraviesa por calles secundarias, y sin cruzar su preciosa Plaza. Algo que nos parece un pecado mortal. La carrera se merece ese monumento y el monumento se merece la carrera. Incluso algunos vecinos nos preguntan qué hacemos con dorsales por ahí. Claramente, la carrera no tiene la repercusión que merece, y que hace falta para ayudar a promocionar esta zona deprimida de Madrid. Por nuestra parte no podemos dejar de acordarnos de nuestro Capi Antonio, que tanto cariño tuvo siempre por Torrelaguna. Dejamos pues a David y empezamos ahora sí el ascenso hacia Venturada, el último avituallamiento y lugar donde usar la segunda bolsa de soporte. Allí nos tienen prometido un arroz con caldo que, sin embargo, se queda en nada. La verdad, nos frustramos mucho, porque son apenas las 8 de la tarde, y nadie en la Organización piensa en acercarse a una tienda a comprar algo. No somos los últimos, y no es tan tarde, pero estamos agotados y el avituallamiento está casi vacío, y los responsables más preocupados de recoger que de atendernos, a pesar de que la carrera no tiene puntos de corte, y que hay tiempo de sobra para alcanzar la meta mucho antes de las 24 horas estipuladas. La verdad es que me enfado mucho, y no negaré que es la rabia por ese despropósito lo que me hace seguir (tenía la intención de retirarme allí). Nos quedan 73 km de ruta, de los que 40 son una interminable subida. Apenas tenemos comida, hace frío y estamos agotados tras más de 14 horas de ruta y cerca de 3500 m de desnivel, pero lo peor es la cabeza, y pensar en lo que queda (y en que, ¿qué esperar del último avituallamiento en la Morcuera por el que sabemos que pasaremos a altas horas de la noche si éste está así?). Recogemos, eso sí, focos y baterías extra, más prendas de abrigo que guardamos para la noche, y avisamos a la familia enbiciada. Como sea, pero seguimos!! De aquí en adelante, la ruta será totalmente de noche. Salimos pues, callejeando por Venturada y pronto llegamos a Navalafuente. Allí nos espera la mejor sorpresa de toda la carrera. Nuestros compañeros Felipe, Ana, K-Li y Novoa han venido a vernos después de su ruta. El cariño y loa abrazos de la familia enbiciada lo curan todo. Pero es que aún hay más. Alertados por nuestros mensajes en el chat sobre el último avituallamiento, nos han traído bocadillos, comida y bebida que nos salvan de pasarlo realmente mal en lo que nos queda. Alimento para el cuerpo, para el alma y para la mente. Como luego nos han dicho, nuestro aspecto era bastante lamentable, y la verdad, al menos yo así me sentía. Así que ¡¡GRACIAS!! Mil Gracias por venir y salvarnos. No exagero si digo que sin ese apoyo seguramente no lo habríamos conseguido.

Nos cuesta separarnos, pero ahora lo sabemos, vamos a lograrlo. Tenemos una cita con la Morcuera, y vamos a acudir, es un hecho. Tras un tramo bastante duro, con fuertes rampas llenas de piedras en las que a duras penas no echamos pie a tierra, conseguimos llegar a Bustarviejo. Lo recuerdo bien, y pronto las flechas amarillas me lo confirman. Es el Camino Complutense, protagonista de otra ruta épica. No sin dificultad, voy con Gerardo que ha ido muy bien de fuerzas toda la ruta y cada cierto tiempo paramos a reagrupar con Yoli y David 6D2 que van juntos. Cada uno va a su ritmo, pero siempre cuidándonos unos a otros. Atravesamos Bustarviejo (km 160). El track incluye varios tramos en dirección prohibida… Señores de la Organización, esto hay que hacérselo mirar que no es una carrera cortada al tráfico. Cierto que son casi las once de la noche, pero no es de recibo, ni lógico. De Bustarviejo se sale a una pista esta vez sí, bastante llevadera. Tiene muy buena pinta y se lo digo a Gerardo, pues a pesar de la oscuridad, puedo entrever un bosque de robles lleno de helechos. Será la novedad de nuestra ruta a la Morcuera de hace unas semanas. Y como también le digo, nos queda lo peor, al menos sobre el perfil del GPS en lo que a desnivel se refiere (Excepción hecha, claro está de la subida a Navafría). Afortunadamente, cuando llegamos al punto en el que el porcentaje aumenta, la pista sale a la carretera M-629 que recorreremos unos km hasta llegar al Puerto de Canencia. Ese tramo por asfalto, nos salva y contra nuestra expectativa de tener que caminar, podemos hacerlo todo rodando, muy despacio, pero lo subimos. 
Paramos un momento en el arcén a esperar a David y Yolanda y mientras lo hacemos se nos para al lado un coche de la Organización. Nos dice que somos los últimos y que vienen bastante más atrás (como luego descubriremos, han pinchado). Nos da tranquilidad ver que siguen pendientes de nosotros, y decidimos seguir un poco más, hasta el cartel del Puerto, donde sabemos por experiencia que estaremos a resguardo del viento. La verdad es que la noche es muy fría, y la leve brisa que corre resulta heladora cada vez que paramos. En el alto del puerto esperamos, casi media hora, pero al menos no tan fríos. Nos quedan todavía otros 10 km de ascenso, no tan empinados, pero estos sí, por pista, en buena parte la que solemos hacer de bajada para visitar la Chorrera de Mojonavalle. Y aunque estamos cansados, empezamos a “oler” la meta y eso nos da alas. De nuevo dejamos atrás a David y Yolanda a pesar de que intentamos ir despacio, por el miedo a que la espera en la Morcuera sea heladora. Km 180 01:30 AM del día siguiente. Casi 19 horas de ruta y ahí estamos. En la cima de la Morcuera a 1796 m. Ahora sí, por fin nos sentimos finishers. Y contra todos nuestros temores, allí en la cima y a esas intempestivas y lúgubres horas, dos miembros de la organización nos esperan con comida, agua y un chocolate caliente que nos reconforta mientras esperamos a David y Yolanda. Ninguna prisa. No sé cuántas veces nos preguntaron si de verdad éramos los últimos, para asegurarse de no dejar a nadie sin apoyo. Esto y otros detalles nos confirman que lo de Venturada fue solo un error garrafal y en el peor momento, de una excelente Organización. Solo cuando nos marchamos recogieron y solo porque les confirmamos que no había nadie más, a pesar de que seguramente llevaban todo el día apostados en el lugar menos agradable.

Desde allí solo nos queda la bajada. Es por el lado menos rápido, la bajada a Rascafría (cerca de las Cascadas del Purgatorio) y a pesar de ello, sufrimos mucho. Nos hemos puesto toda la ropa disponible, y aun así la verdad es que tenemos que controlar que la bici no coja velocidad, no tanto porque sea peligroso, sino por no poder soportar el frío cortante de la noche. De nuevo sin querer dejamos atrás a David y Yolanda. Focos a tope. Son 10 km de temperaturas polares hasta llegar a Rascafría. Gerardo y yo decidimos seguir, sabiendo que atrás están bien, para conservar la temperatura. David y Yolanda, algo más atrás han sufrido mucho en la bajada. Desde allí, nos quedan otros 15 km, sí, aun 15, de un llano por el Camino Natural del Lozoya. Terreno conocido y favorable, pero se nos hace eterno. Gerardo y yo vamos cantándonos los kilómetros para animarnos. Unas veces yo a él y otras al contrario. Yo creo que porque ambos vamos alternándonos en los momentos de bajón porque no se acaba nunca. Nos cruzamos de nuevo con el coche de la Organización que siguen cuidando de nosotros hasta el final. Y finalmente entramos en Lozoya. Allí nos espera Niko a la entrada de la carpa de Meta, para darnos el último aliento. Nos cuenta del resto de Compañeros y nos acompaña en nuestra entrada triunfal. ¡Gracias Niko! Y juntos entramos en la meta, primero Gerardo y yo y quince minutos después Yolanda y David. Pero ahí siguen los fotógrafos para inmortalizar el momento, la entrega de la bonita medalla por parte de la Organización. Hasta nos ofrecen comida. Estamos bastante desorientados por el cansancio y preferimos irnos al hostal, a ducharnos y cenar algo caliente. 
 

¡¡Lo hemos Logrado!! ¡¡ Somos Finishers !! Hemos empleado prácticamente 21 horas, cierto que nunca nos lo tomamos como algo competitivo. Disfrutamos de cada paisaje, y aquí estamos. Con otra experiencia épica en el zurrón de los recuerdos.

Un poco de crítica:

Vamos con un poco de crítica y la inevitable comparación para nosotros, con Los Diez mil del Soplao.



Poblaciones: Como os dijimos al presentaros la prueba, uno de los alicientes para hacerla era dilucidar si ésta podía ser el “Soplao Madrileño” que nos gustaría que existiera. El Soplao es hoy más que un evento deportivo, es un reclamo turístico que ha puesto en el mapa un Valle, unos pueblos preciosos y unos paisajes de ensueño. En este caso, los paisajes están ahí. Pero no se potencia el compromiso carrera/población, pasando por los pueblos. La gran mayoría de la Organización está formada por voluntarios que saben que el Soplao ayuda a dar a conocer su región y la gente de los pueblos se vuelca en animar y ayudar a los participantes, que por un día pueden sentirse como los profesionales. El Tour de los populares lo han llamado. En este caso, sin embargo, el recorrido casi evita el paso por las localidades, solo las bordea por las afueras, cuando tanto para el corredor, como para los habitantes, es un aliciente. En fin, es algo que se pierde y que se hace evidente, cuando en Torrelaguna te preguntan si hay una carrera. 
 

Participación: Si queremos que la carrera ayude a dar a conocer esta zona tan bonita de Madrid, se hace imprescindible aumentar la participación. El número de inscritos es bajo, y aunque ello suponga un importante reto para los organizadores, creemos que merece la pena. Al menos si se quiere una carrera más “popular” y con más fines de promoción de la zona. Si lo que se quiere es una prueba para deportistas profesionales, o semi, más preocupados por hacer un gran tiempo que por conocer y disfrutar de la naturaleza, paisajes y pueblos de la Sierra, entonces, mejor no, o incluso menos cuota. Pero, tengamos claros los objetivos.


El Recorrido: ¡Qué decir! El recorrido es sencillamente, espectacular. Desde el inicio con la subida a la Horizontal de Navafría, hasta el final, no hay apenas un minuto de descanso para la vista. Ni un kilómetro en el que la mirada no disfrute. Bueno, matizo. Desgraciadamente, para los populares como nosotros, los últimos 60/70 km serán de noche. No es algo que nos moleste, pero sí es verdad que hacer 7 horas de noche, además de restarle alicientes a la carrera, puede llegar a ser peligroso. Desde mi punto de vista, creo que sobra para este tipo de carrera el tramo de bajada hasta el río Lozoya, junto a El Atazar. Un tramo largo tan técnico (km 108 aprox) que ni los más expertos pueden hacer sin echar pie a tierra. Por dos razones. La primera, que este supone retrasar la llegada de todos, en prácticamente media hora, cuando por otros trazados seguramente podría hacerse disfrutando paisajes igualmente bonitos. Y la segunda, que podría pasarse por el Pueblo de El Atazar, pintoresco y dándole la repercusión que se merece. Incluso, usar la carretera sobre el embalse me parecería una solución buena (aunque añada algo de desnivel) que permitiría ahorrar tiempo a los finishers. Seguramente sería también buena idea para evitar esto, el disputar la carrera en otra época del año, con más horas de luz. Cierto que recorrer la Horizontal con nieve es algo... que uno no olvidará jamás.
(Pd. Lo de poner calles por dirección prohibida, para un pueblo que pasamos...para mirárselo)


Algunos tramos... no eran 100% ciclables

La Organización: Sólo puedo poner una pega y es la ya mencionada del avituallamiento de Venturada. Quizá sea efecto de que llegamos muy cansados, pero creo que es importante, por no decir imprescindible, en estas carreras, que el último tenga tanto soporte, más si cabe, que el primero. Porque seguramente lo necesita más. Ver como se recogía el avituallamiento, cuando habíamos avisado de que faltaban más corredores detrás de nosotros. Que nadie tuviera la decencia de acercarse a una tienda a por un puñado de arroz y una pastilla de caldo para que pudiéramos meter algo caliente al estómago cuando eran solo las 20:00 h y, además ibamos más que de sobra en el plazo estipulado. Fue muy frustrante. Porque temimos estar sin soporte a las 2 de la mañana cuando estuvieramos en la Morcuera (si aquí ya pasan, que podemos esperar de madrugada en mitad de la nada). 
Pero en fin, quede esto como una anécdota, que espero se anote para futuras ediciones. Porque como ya he comentado, luego pudimos comprobar que estabamos más que cuidados, vigilados y soportados. Puede que sea tirar piedras contra el tejado de los como nosotros, humildes globeros,pero, si desde la Organización se quiere poder planificar el cierre de los puestos de asistencia, el modo es poner tiempos de corte. Holgados, o solo para profesionales. Eso depende de lo que se pretenda. Pero si no los pones, nadie debería recoger hasta que el último geolocalizador pase por delante de tí. Y por cierto, el invento del Geolocalizador, me parece espectacular. Da una seguridad fantástica. Es la primera vez que nos ponen uno, pero creo que debería ser norma en todas las carreras, aunque esto pueda encarecer la inscripción. No puedo sino aplaudir también la asistencia a los que sufrieron averías, o peor, caídas. Solo vimos una, pero enseguida alguien estuvo ahí, en una zona de acceso muy complicado. Que a las 3:40 de la mañana haya alguien esperándote en meta para entregarte la medalla, ofrecerte comida y hacerte una foto para el recuerdo... no esta pagado.
 

Conclusión:


La verdad, ha sido una experiencia agotadora sobre todo por esos últimos 70 km de noche, frío y subidas interminables. Una carrera muy muy dura, sin los temibles rampones del Soplao, pero más difícil psicológicamente, por distancia, por las menos horas de luz y los muchos tramos rompepiernas, más difíciles de encajar que un puerto. Creo que es muy importante acudir con mucha motivación si se quiere superar esta durísima prueba. Pero los paisajes, son increibles. Una carrera que sin duda recomendaría a todos aquellos amantes del MTB de paisajes, del ciclismo-disfrute. De las maratones de panorámicas. Y está aquí en Madrid. Nosotros nos hemos enamorado. Y ya planeamos volver a recorrela, tranquilamente y en varias etapas, para saborear con tranquilidad todos los sabores, olores y colores que la Sierra Norte de Madrid tiene para regalar. Por etapas o en carrera non-stop, os la recomendamos!


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