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martes, 20 de noviembre de 2018

Fallece el adolescente atropellado en la Av. de Logroño


Conducir a 50 por hora por esta avenida es legal.



Cruzar esta avenida montando en bici está prohibido.

En caso de colisión entre un coche que circula a 50 km/h y una bici que cruza indebidamente, la ley deja claro de quién es la responsabilidad. Para el código de la circulación, el ciclista es el infractor. Esta infracción ayer se pagó con la multa más alta posible: la propia vida de un chaval de unos 15 años que fue quien cruzó en bici la Avenida de Logroño cuando salió del parque Juan Carlos I en este punto


No he podido averiguar ni siquiera su nombre, parece que se trataba de un menor en un centro de acogida de Hortaleza para inmigrantes. Un monitor le había sacado junto con otros cuatro chavales más a pasar un rato con las bicis en el parque. Según narra el ABC, que es quien da la versión más extensa, una persecución entre chavales fue el origen de que irrumpieran a gran velocidad en la avenida donde se produjo el atropello.

Una persecución entre chavales. Un juego.

Inconscientes. 

¿A quién se le ocurre jugar a perseguirse? ¿No se han enterado que vivimos en una zona en guerra llamada ciudad, llena de minas llamadas coches? ¿Que los juegos y las despreocupaciones están limitados a unas áreas cerradas de cada ciudad?  ¿Que si te sales del área de seguridad puedes morir?

Según narra la noticia, el comportamiento de la conductora fue ejemplar: no sólo lo asistió sino que gracias a sus conocimientos médicos pudo mantenerle con vida hasta que llegó la ambulancia. Por desgracia no bastó. Si circulando como dicta la norma y ofreciendo todo el apoyo que obliga el reglamento y más, este chaval no se ha podido salvar, quizá el problema es de la norma.

Una norma que nos permite rodar con máquinas de 1000 kg a una velocidad adecuada para interactuar con otros elementos de la vía que no se salgan de la norma, pero incapaz de permitirnos reaccionar a tiempo en caso de imprevisto o error. Y que en caso de colisión impone una condena a veces letal.

La prisa por llegar no es un valor absoluto, no puede tener el amparo legal que tiene. 
Quiero una sociedad donde poder equivocarme y no pagar la vida en ello.
Ójala sea el último que fallezca por ir en bici. 
Pero me temo que no será así.





Que tu alma pueda reposar, allá donde esté.

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