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martes, 6 de octubre de 2015

Guerra al ruido, por una ciudad agradable

Últimos días de agosto, aunque la mayoría sigue de vacaciones, ya están llegando todos a la ciudad. La calidad del aire empieza a empeorar, huele peor, se respira peor, hasta llegan a picar los ojos.
Pero hay algo mas, ya nos habíamos acostumbrado al silencio, a la tranquilidad, una de las cosas que hacen agradable cualquier lugar.
Ahora se nota mas, hay mas coches pero no los suficientes para generar ruido de forma continua. Se abre el semáforo y el sonido de todos los motores a la vez traen la memoria de la pesadilla, del insufrible ruido continuo de la actividad en la ciudad. De nuevo se hace el silencio, aún no hay suficientes coches para mantener el infierno.

Si no fuera por esta intermitencia del tráfico, no nos daríamos cuenta de la carga que llevamos en nuestros oídos, de hasta dónde llega nuestra rendición al mal llamado progreso.

El ruido, ese enemigo invisible y tantas veces ignorado, es el causante de mermas en nuestra salud. La falta de silencio mantiene la mente en un estado de estrés continuo que aumenta la tensión arterial y la incidencia de infartos de miocardio o que debilita nuestro sistema inmunológico haciéndonos más propensos a las enfermedades. Es decir, que es una causa de muerte prematura de gran parte de la población y junto a la contaminación atmosférica, una de las principales culpables de que Madrid sea una ciudad inhóspita.

martes, 16 de junio de 2015

Madrid se ha transformado en capital mundial del ciclismo urbano

Imaginando el futuro en clave bici


Publicado por César Martín (Ciclista urbano y socio fundador de Rider State)

(Lo que a continuación van a leer es fruto de la imaginación de un ciclista urbano. Cualquier relación con la realidad es pura coincidencia).

Son las 7:35 de la mañana y tras un abundante desayuno compuesto de café, leche con cereales y galletas, llega el momento de salir. Tras bajar los 36 escalones que me separan de la calle y abrir la interminable puerta de hierro y enormes cristales de mi portal, dejo que el aire frío de la mañana me ponga en marcha. 

Por delante esperan cerca de 10 kilómetros para llegar a la oficina y un nuevo viaje para descubrir la ciudad en la que vivo. Recojo la pernera derecha de mi pantalón, coloco el pie encima del pedal y me acomodo encima del sillín. Todo listo. Tras recorrer los 200 metros que separan mi casa del carril bici me preparo para sumarme a los decenas de ciclistas que en ese momento inundan la calle.