Paradójica. Inverosímil. Y absurda: así es a veces Madrid, el domingo escenario de la Fiesta de la Bicicleta. Entre las 8 y las 12 de la mañana algunas calles fueron solo recorridas por paseantes, corredores o ciclistas, pero estos estaban advertidos: la organización les pedía que "al llegar el mediodía no intentaran terminar el recorrido, por el peligro. Los coches comenzarán a circular: vuelvan a sus puntos de origen por el camino más corto".
Y así fue: muchos padres en chándal y niños con casco huyeron a las 12 y aparcaron sus bicis, en muchos casos, hasta 2012. El panorama de este lunes, sin fiesta alguna, no será distinto: coches, motos o autobuses tomarán de nuevo la calle. Pero no estarán solos: muchos ciclistas urbanos (unos tres millones en España, según el último Barómetro Anual) rodarán también.
