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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Cómo adaptar una silla de ruedas a Todo Terreno. -Parte 1: Ruedas traseras

De forma temporal y a muy bajo coste


Silla de ruedas con cubierta fat, aún no bien sujeta

Ya sabéis que aquí ebxm nos ocupamos de asuntos bicicleteros y de movilidad y, precisamente por eso, es importante que tengamos en cuenta también a todos aquellos que no tienen más remedio que ir habitualmente sobre ruedas, en la calle y en casa.

Hablo de las personas con movilidad reducida. Aquellos que, por el motivo que sea, no pueden ir andando de un lado a otro. A poco que lo pensemos, todos hemos estado alguna vez en ese grupo (podéis preguntarle a una madre), muchos lo estaremos alguna vez (la otra alternativa suele ser aún más jodida) y algunos lo están de forma más o menos temporal o permanente. Como esto suelen ser circunstancias forzosas, el que crea que el tema no va con él se equivoca. Del todo.

Hay toda una industria especializada en ayudar a moverse a quien no puede usar las piernas. Soluciones ingeniosas y prácticas pero que muchas veces parecen muy caras. Se justifica porque si de un equipo vendes tres unidades, tiene el mismo trabajo de desarrollo que si vendes treinta mil. Es lo que hace la economía de escala y algo de competencia. Aun así, me da la impresión de que hay algunas cosas que tienen un cierto aroma a “como estás obligado a pagarlo, lo pagarás cueste lo que cueste”.

Hoy quería tratar de facilitar la accesibilidad con silla de ruedas manual a terrenos complicados. Las sillas de ruedas manuales son las típicas de gente que mueve bien los brazos (de hecho, muchos están cachas) pero que, una o las dos piernas no les funcionan bien, o no están o lo que sea. Son las sillas con ruedas traseras grandes, que sirven para tracción y dirección y suelen tener dos ruedas delanteras pequeñas. Van razonablemente bien en suelos lisos y sin escalones pero van mal en terrenos arenosos o sueltos, en los que las ruedas se clavan y hacen que no se pueda mover bien ni con ayuda. Sorprende también lo mal que van en terrenos duros con pequeños baches irregulares, como un empedrado. Tienen cuatro ruedas, pero los baches hacen que se vaya apoyando en tres y, al hacer fuerza hacia delante para avanzar, si una de las traseras pierde tracción, te quedas ahí empujando una rueda en el aire. Muy mal.

Hay sillas especiales, como las desarrolladas por el MIT para países pobres que aquí, en un país rico (sin entrar en detalles) se pueden conseguir por unos cuantos miles de dólares o de euros. Esta charla lo explica estupendamente.

Pero yo buscaba algo mucho más fácil, que por poco dinero y de forma sencilla permitiese añadir algo a la silla que actualmente tiene mucha gente para permitirles ir por terrenos complicados. Y que se pudiese luego quitar. Sin estropear la silla, claro.

Llevaba mucho tiempo queriendo probar y depurar el sistema. Tenía la idea y todos los materiales menos la silla, pero no fui capaz de encontrar a nadie dispuesto a probarlo. Llegué incluso a pensar en alquilar una silla, pero era absurdo. Más que nada porque es imprescindible la experiencia del usuario, así que hicimos un llamamiento desde RRSS. Buscamos “usuarios de silla de ruedas y buenos brazos para diseño y pruebas de adaptar silla a todo terreno”. Y se presentó Victor. Deportista, simpático,  rockero, de Soria y colega de Mauro, un amigo del blog desde hace mucho.

Victor con su grupo, Fratelli

La idea de la adaptación a todo terreno de una silla de ruedas manual consiste en dotarla de forma sencilla de unas ruedas de fat bike. Este tipo de ruedas se venden ya hechas, pero no son baratas. Aquí hay unas con aros manuales y aquí otra sin.

La parte delantera, con una alternativa a las miniruedas que se clavan en la arena, es la segunda parte de la adaptación y os lo contaré próximamente.

Los problemas a resolver para las ruedas traseras son:
  • Encontrar una cubierta de fat bike de tamaño adecuado a una silla manual normal y a un precio asequible.
  • Rellenar la cubierta con algo que no pese y con la rigidez adecuada.
  • Sujetarlo todo y que soporte el peso y el uso.
  • Que quepa la cubierta gorda en el espacio disponible 
  • Que haya espacio entre la cubierta y el freno de la silla, que no se quede frenada y el freno funcione bien.

Vamos por partes:

La cubierta:
El diámetro externo de la rueda de la silla es de unos 61 cm. Se supone que hay unas reglas y normas para las medidas de las cubiertas, pero bailan un poco cuando cambias completamente de tipo de rueda. Lo que necesitaba se parecía bastante a una cubierta de 24. Después de mucho buscar una cubierta fat de 24, solo la encontré en Bikes 101, en San Sebastián de los Reyes. Es una tienda enorme de la marca Specialized pero que está medio escondida, cerca de la explanada del Plaza Norte2. Allí fueron super amables y pacientes con uno que quería una cubierta pero no para una bici sino para hacer una cosa rara. La cubierta es la specialized big roller de 24x2,8 y cuesta 15€ cada una. El precio es muy razonable para ser una cubierta tan especial, que una normal de fat bike se pone en seguida en más de 100€.

Las cubiertas de bici de montaña normal y corriente de 24 son una opción (que no he probado) pero de bastante menos superficie de apoyo.
Para poner la cubierta fat, es necesario hacerle cuatro cortes a modo de cruz en el aro de uno de los lados, como se ve en la foto. De esa forma, la cubierta podrá ponerse a modo de funda sobre la cubierta que ya tenía la rueda y que no se debe quitar ni desinflar. La nueva cubierta abraza a la anterior y, además al aro manual. Nos quedamos sin aro para manejar la silla, salvo que añadamos otro, pero eso ya complica y encarece el tema. Victor me comentó que, en una situación especial como esta, tampoco era mucho problema, aunque habría que manejar la silla con guantes, como hace ya mucha gente.



El relleno:
Para que la cubierta tenga su rigidez, entre la cubierta fina existente (azul oscuro en el dibujo), el aro manual (marrón) y la nueva cubierta fat, metemos una cámara normal de 24 (azul claro). También puede ser una cámara de 26’’, que son baratas (2,5 € las dos unidades en Decathlon). No pasa nada si la cámara es más larga que el hueco, se hace un pliegue en z y ya está. La válvula, por supuesto, debe estar accesible hacia el interior.



La sujeción:
La cubierta está diseñada para encajar sus aros en una llanta firme, para que no se aplaste hacia dentro con el peso y para que no se abra hacia los lados con la presión. Aquí cambiamos totalmente las condiciones de instalación. El peso se soporta desde el interior, desde la cubierta original de la rueda y por cámara que hemos añadido. También el aro de agarre manual de la rueda ayuda a sujetar el interior de la cubierta. Para que no se abra hacia los lados, lo más fácil es poner una cuerda en Z que sujete los aros interiores de la cubierta entre sí por medio de los pequeños ganchos que podéis ver en la foto anterior de la cubierta.
Esos ganchos son pequeños alambres en forma de S, sujetos de forma permanente a los aros de la cubierta. Lo probamos con 16 ganchos a cada lado, puestos en los dos lados a la misma altura.
Esta sujeción es suficiente para sujetar la cámara con el poquito de presión que hay que poner, alrededor de medio kilo.

El freno:
Esto puede ser algo más delicado. Lo primero es que no roce, ok, pero para que siga funcionando bien, habría que mover sus tornillos y desplazarlo, que es un poco más rollo. La silla de Victor permitía hacerlo con unas llaves allen, aunque no llegamos a probarlo del todo.
Si no es fácil de adaptar, sería necesario preparar algún sistema de bloqueo de rueda, entre otras cosas, para permitir transferencias seguras. La transferencia es el paso entre la silla de ruedas y otro sitio y si no bloqueas la rueda, puedes tener un accidente de lo más feo y tonto.



Vimos que el resultado no estaba mal, aunque no hemos llegado a hacer pruebas completas y con dos ruedas. Pero Victor comentó que lo realmente importante era la parte delantera, para la que aún no teníamos nada. Tardamos un tiempo en desarrollarlo, pero llegamos a una solución que os contaremos en la continuación de este artículo.

A mi amigo Victor quiero agradecerle, lo primero, su paciencia con las pruebas, sus ideas y algunas cervecitas. Este tipo de cosas me permiten abrir un poco mi mente y valorar lo que cada uno tenemos. Y ya sabes, Victor, que creo que el día que te animes a probar una handbike, te va a encantar. Igual hay más gente les gustaría que les contases esa experiencia.

Me gustaría que alguien se animase a probar esto y tenéis cualquier duda, o queréis comentar lo que sea, siempre podéis hacerlo aquí o al correo del blog. En este caso, que los posibles destinatarios del artículo no son (solo) los habituales, y que no conozco estos temas en profundidad, me interesa muy especialmente lo que podáis comentar.

No sé si esto es realmente interesante o solo un desvarío. Ya me diréis.

Cuidaros
Baldo

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