En los tiempos que nos ha tocado vivir, las reservas energéticas ya no están aseguradas, la economía no nos parece algo tan estable y seguro como hace décadas, y valores como la sostenibilidad han pasado de ser reducto de unos pocos visionarios para ser preocupación cotidiana de sectores cada vez mayores de la población.
Movernos por la ciudad es una de las actividades que más tiempo nos consumen al día, y muchas veces genera un gasto muy considerable cuando contabilizamos al final del mes. No se trata ya de las emisiones de dióxido de carbono, del efecto invernadero… sino de que en los núcleos urbanos el coche ha pasado a ser un incómodo compañero: costoso de mantener y de alimentar, nos consume a veces más tiempo el intentar aparcarlo que el propio recorrido. Es entonces cuando algunos ciudadanos empiezan a plantearse alternativas: para desplazamientos cotidianos de recorrido medio, la bicicleta es la reina. No obstante, para recorridos más cortos puede haber otras formas de transporte igualmente baratas y sostenibles que se ajusten mejor a nuestras necesidades.
Hoy queremos presentaros una de esas formas de transporte con mucho futuro: el patinete. Sí, sí, el mismo patinete con el que juegan los niños en parques y plazas, tiene una serie de ventajas que merecen contemplarse para los desplazamientos en la ciudad.
Esta forma mínima de transporte lleva años cobrando más y más protagonismo en las grandes ciudades de Estados Unidos y, desde hace muy poco, ya se comercializan en Europa numerosos modelos para adulto en algunos de los principales grandes almacenes y cadenas de material deportivo.