lunes, 6 de febrero de 2017

Renuncio a la bici

La bici está de moda, lleva tiempo en los anuncios y escaparates, medios de comunicación, "biciMAD" y hasta en la política; el gobierno actual de la ciudad lleva el apoyo a la bici por bandera y tiene una intensa política en este aspecto.

Sin embargo, la bici pese a ser el segundo transporte más antiguo en uso de cualquier ciudad, detrás de caminar, claro, se le trata como a un menor de edad incapaz. Todo el mundo opina, cuida, aconseja, dice fomentar la bici y proteger a sus usuarios.

Pero la bici no necesita ningún privilegio, es ya de por sí un transporte privilegiado: silencioso, agradable, no contaminante, poco agresivo, fuente de salud, práctico, rápido, sencillo, aǵil, barato, versátil, infinito…

Esta siendo tutelada o más bien mangoneada por todo el mundo, para los políticos es una herramienta de maquillaje, para los urbanistas un juguete, para los constructores una fuente de ingresos, para periodistas una fuente de tendencias...


La bici es ahora ese niño de los de esta época, hijo único, sobrino único, con una pléyade de adultos sobre él, opinando sobre si va demasiado abrigado o si debería usar casco con el monopatín y unas autoridades haciendo firmar mil papeles para hacerles una foto o llevarlos de excursión al campo.

Sin embargo, la bici no necesita que nadie la ayude ni tome decisiones por ella, es adulta y capaz, no necesita ayuda del gobierno ni del vecino, más bien es al revés, lo que necesita es que nadie se fije en ella. Que miren hacia otro lado, que resuelvan otros problemas más generales e importantes y sobre todo reales.


Muchos ciclistas urbanos asistimos este año con pavor a las ocurrencias y vueltas de tuerca del gobierno actual en sus intentos de hacer la bici 5 ml más agradable, 5 mgr más apetecible y 5 mm más asequible, con una fútil intención de reclutar cientos de miles de ciudadanos que la adopten como su medio de transporte diario. O eso es lo que dicen pretender.

Carriles bici sencillos, bidireccionales, en dirección prohibida, por la acera, adosados a la calzada, por el carril bus... que a cada rato reciben un nombre diferente y cada vez más estrambótico: carril bici, acera bici, senda bici, vía ciclable, ciclovía, itinerario ciclista, banda de adelantamiento, advisory cycle lane...

Semáforos especiales, con tiempos de espera alterados o directamente opcionales.
Reglas especiales, excepciones, etc


Todo esto complica demasiado el tráfico, incrementando los errores humanos e incitando en muchos casos a las imprudencias y por tanto aumentando fatalmente el número y gravedad de accidentes, para conseguir solo en algún caso hacer la vida más fácil a los ciclistas por encima de los demás.

Paradójicamente cuanto más se hace por la bici, más independencia pierde. Justo el vehículo que simboliza la libertad



Yo no quiero eso, no quiero distinciones, ni a favor ni en contra. Me considero un vehículo, parte del tráfico, y quiero seguir siéndolo. Porque los vehículos, así en general, reciben todos el mismo trato, las mismas oportunidades. Eso es justicia. Quien no lo quiere es porque considera a la bici un vehículo inferior y en eso se equivoca de pleno.

El tsunami segregacionista ha llegado a la costa y promete no dejar títere con cabeza arrasando las mejores calles de la ciudad para circular rápido y seguro.

Así pues he decidido largarme de este absurdo falso sistema, harto de todo este sin sentido. A partir de ahora ya no soy una bici, soy un vehículo. Con los derechos de los vehículos y sin privilegios especiales y para que sea evidente desde ahora me identifico como tal.



Si me deja la DGT, matriculo la bici, pago seguro e ITV, no me importa, cualquier precio es pequeño con tal de tener lo más preciado, la libertad para circular por cualquier carril de la calzada y ocuparlo completamente. Porque esa libertad nos la están quitando, en cada calzada que reasfaltan como en la calle Aquitania o Toledo, en cada ocurrencia paternalista, en sus incansables intentos de que la bici nunca se pueda valer por si misma.

Te invito a que hagas lo mismo, saldrás de un mundo con una división artificial que enfrenta a unos y otros, a coches con bicis y con los del no se puede.

Yo, desde que la llevo me siento aun más "empoderado", soy un vehículo y puedo circular en la calzada por donde quiera, por el carril derecho, por el izquierdo o por el del medio. Porque yo no soy una bici y por tanto no tengo que ir a la acera, ni al arcén, soy un vehículo y todos lo ven.

Ahora cuando coincido con otras bicis, tengo claro que no soy como ellas, yo soy un vehículo. Yo no siento ninguna necesidad de apartarme lo más mínimo para que otro vehículo pueda circular más deprisa, de la misma manera, no voy a circular por “el arcen” del carril, ni voy a meterme por la acera, por dirección prohibida o a saltarme un semáforo. Los vehículos no hacemos eso. Yo soy un vehiculo, ellos son otra cosa, seres perdidos en un mar de confusión en alguna parte del trayecto entre ser peatón y ser vehiculo a los que pretendo iluminar desde puerto con el faro de mi matrícula.

Mi declaración en forma de matrícula es muy clara y cambia totalmente la discusión. Ya no se trata de si mi bici puede o no ocupar ese espacio, sino que ahora se trata de si mi bici es un vehículo o no, y esto es lo que provoca un cortocircuito muchos cerebros que cuando lo piensan me consideran un vehículo colisionando con sus convicciones de por dónde debe circular la bicicleta.

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