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jueves, 19 de marzo de 2020

Father's Day: A modo de homenaje

Recuerdo siempre que cuando elegía mi futuro profesional, en esos convulsos años en los que, acabada la carrera, has de tomar esas decisiones que marcarán tu vida, solía decir que sobre todo, quería un trabajo que me permitiera enseñar a mis hijos a montar en bicicleta.


Porque para mí ese gesto, el de enseñar a tus pequeños a montar en bici es parte de mi educación, casi tanto (o sin casi), como otros muchos valores que aprendí en mi familia.

Porque en ese proceso alguien estuvo siempre a mi lado, incansable y paciente. Alguien me puso los ruedines para que no cayera, y alguien me los quitó cuando estuve preparado (aunque rodé muchos, muchos años con ellos puestos). Sin prisa, sin obligarme, hasta que aprendiera a volar solo.
Alguien me recogió cuando me caí, decenas de veces, sin enfadarse, sin molestarse, aun cuando a veces era un tanto imprudente. Alguien me invitó a compartir su pasión y frenó su paso para que pudiera seguirle, mientras descubría el orgullo que se siente al llegar lejos solo con la fuerza de mis piernas.


Alguien me enseñó una cultura de esfuerzo, de superación. Que las cosas a veces cuestan, pero siempre merece la pena. A no rendirme, a sacar un poco más, a pelear un poco más.
Alguien me enseñó (o bueno, lo intentó al menos) a reparar mi bicicleta, porque no hay mayor orgullo que aquello que uno entiende y hace con sus manos. Que hay cosas que se arreglan con fuerza, pero que la mayoría de las veces es cuestión de maña. A ser autosuficiente, porque no siempre él estará ahí.


A ser un poco competitivo, porque nadie te va a regalar nada, ni tu padre. A intentar ser el mejor, pero siempre con cariño al compañero, y ayudando al que lo necesita. A mirarme en mis ídolos, en él, porque es bueno mirar a altos ideales. Que a veces hay que ser un poco pillo para sobrevivir, a veces hay que chupar rueda ir a rebufo de otros pero siempre desde la honorabilidad y el juego limpio.

Alguien me enseñó desde mis primeros días, a respetar y a disfrutar de la Naturaleza, que es Madre y Sabia, muy Sabia.


A darlo todo cada día, a regular en las subidas para llegar con fuerzas hasta arriba, y a guardar siempre un poco para el sprint final (nunca, nunca, nunca conseguí ganarle al sprint ;-))


Despacio y a los pedales aprendí muchas cosas para la gran ruta de la vida.



Por eso quiero dedicar hoy este homenaje a todos los que hoy, como ayer, como hace tantos años, cada día, enseñáis a vuestros hijos a montar en bicicleta, y a vivir la vida desde los pedales.

A todos, padres y también madres, tíos, padrinos, que ponéis una bici en sus vidas,

... ¡¡GRACIAS!!


Y particularmente, a mi maestro. Te quiero Papi.



Fotos cortesía de Angel de la Ossa, David Seisdedos, y Silvia Faro

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