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lunes, 7 de noviembre de 2016

La revolución en el tráfico que se nos viene encima

Avances tecnológicos recientes se están implantando con rapidez estos últimos meses y cambiarán nuestra forma de movernos

El futuro ya está aquí, y más vale conocerlo, porque todo lo que creíamos saber sobre la movilidad como ciudadanos (y como políticos) puede empezar a tener los días contados. No estamos hablando de un ejercicio de ciencia ficción a 50 años vista, sino de cambios que están sucediendo ya y que en menos de una década habrán cambiado sustancialmente la manera de movernos, solucionando algunos problemas que ahora nos parecen inabarcables y generando otros nuevos.
En este artículo comentaremos primero estos avances, y luego lo que pasará a medida que se generalicen y se combinen entre sí:

El coche eléctrico

Hace un siglo no estaba claro si los coches funcionarían con motor de explosión, con baterías eléctricas o con vapor. Los tres tenían sus inconvenientes: el vapor lograba grandes velocidades y tenía gran autonomía, pero arrancaba muy lentamente, haciéndolo poco práctico en ciudad (piénsese en un tren de vapor). El coche eléctrico tenía una muy baja autonomía para recorrer largas distancias y unos tiempos de carga muy elevados, y el motor de explosión implicaba un encendido peligroso.
Es conocido que fue el último problema el primero en ser solucionado, relegando el resto de motores a otro tipo de vehículos. La industria del automóvil nunca tuvo necesidad de investigar desde entonces la manera de hacer viables otros tipos de motor... hasta ahora.

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Tras décadas escuchando hablar del coche eléctrico sólo como prototipos en ferias de motor, finalmente se ha producido la revolución, gracias a Elon Musk y su empresa Testla, que ha solucionado el problema de la autonomía y la duración de la recarga echando mano de los grandes avances que las baterías han tenido gracias a los smartphones. Estamos hablando de 400 km de autonomía con recargas de 30 minutos, muy lejos de las 6-7 horas que eran necesarios hace unos años para lograr apenas 100 km.

La irrupción de los coches eléctricos de Tesla está siguiendo el mismo camino que inició Apple con su iPhone, obligando al resto de marcas a adaptarse al cambio tecnológico. Aunque inicialmente sólo en coches de lujo, desde 2012 el modelo S ha empezado a acaparar ya el mercado de alta gama, mostrando a sus competidores que hay mercado en países de alto nivel económico: En Noruega, el 17% de los coches vendidos en 2015 era ya eléctrico.

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Las baterías de bajo coste

Los límites físicos del coche eléctrico se han superado, pero el coste las baterías sigue siendo un obstáculo, a pesar de las mejoras tecnológicas de los últimos años. El Tesla Model S (teóricamente, un modelo de gama alta, pero no de lujo), destina una cuarta parte de su precio a pagar las baterías, esto es, 18.000€. Suficiente bajo para esa gama, pero inviable para que el coche eléctrico pueda ser algo asequible a la mayoría en países de menor poder adquisitivo como España.

Para reducir costes, la fabricación en masa es esencial. En un par de meses empezará a funcionar en Nevada el edificio más extenso del planeta, llamda la Gigafábrica, con el objetivo de duplicar la producción mundial de baterías. Sí, sí, duplicar. En unos meses se espera que esta inundación de baterías haga caer radicalmente sus precios, permitiendo no sólo la fabricación de coches eléctricos de precio medio, sino la popularización de almacenes de energía domésticos para gestionar la energía solar.

Están a la venta ya en varios países, y no es de extrañar que sea también Tesla quien está detrás. 

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Las placas solares de bajo coste

No hace muchos años la única manera de instalar energía solar era con una subvención, debido al alto coste de las placas de silicio. Desde hace una década, la irrupción de varias marcas Chinas ha derribado también estos costes en un 60% haciendo viable económicamente su instalación sin depender de ayudas externas. ¿Ven en la gráfica el subidón en 2011 y 2012? Un tercio de eso se instaló en Alemania, que genera ya 40.000 MW de potencia gracias al sol.


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Eso sí, el coste no lo es todo. En España, un marco regulador especialmente desfavorable provoca que tengamos 10 veces menos potencia instalada que en Alemania, habiendo muchas más horas de sol.

Coches autoconducidos

Todavía en fase beta en varios sitios, aunque ya hemos dejado atrás la fase de pruebas en vías cerradas al tráfico general y se pueden ver algunos ejemplos, sobre todo de Google que es quien lidera esta iniciativa. Desde 2012 ya se han ido aprobando leyes en varios países autorizando su circulación, dejando divertidas escenas como ésta:


Recientemente, el primer accidente mortal sucedido en un coche autoconducido en una vía pública permitió conocer que aún en fase experimental esta tecnología había recorrido 200 millones de km hasta sufrir su primera muerte en EEUU, siendo el doble de seguro que un coche pilotado por un humano, y con mejoras constantes.


Coches compartidos

Las diversas modalidades de car-sharing y car-pooling están teniendo un gran auge sobre todo en zonas urbanas donde la tenencia de un coche en propiedad es cada vez más costosa y engorrosa que el acceso a un coche del que sólo somos propietarios el tiempo en que lo estamos conduciendo, haciendo cada vez más preferible un uso puntual para casos en los que otras alternativas de transporte son más incómodas frente al panorama actual de uso diario.

El reciente éxito de Car2go en Madrid no sólo se explica por las restricciones al uso del coche propio en el interior de la M30, sino por la existencia de alternativas de transporte que permiten usar el servicio a la ida y coger el metro a la vuelta, por ejemplo.

Con estas posibilidades se están dando casos de usuarios que renuncian al coche propio no sólo para entrar a zonas restringidas, sino como posesión en general. Cuentan los estudios que por cada coche de car-sharing que existe, al menos 15 abonados renuncian a tener su coche propio, liberando así espacio público ocupado por el aparcamiento.


El futuro inmediato

Todo lo contado hasta aquí es presente. Hagamos un pequeño ejercicio de predicción sobre qué pasará con la movilidad de las ciudades españolas según estos avances se implanten en nuestro día a día.

1. La caída de los costes de la electricidad: Da igual que en España el marco regulatorio castigue la autoproducción y el autoconsumo eléctrico. La combinación de placas solares y de baterías de almacenamiento de bajo coste en cualquier otro país de Europa va a derribar los costes de la electricidad, haciendo a la larga más barato importarla que producirla hasta que no haya más remedio que rendirse a la evidencia y el actual oligopolio eléctrico se quede sin poder para poder mantener la barrera artificial actual.



2 . El % de coches eléctricos crecerá rápidamente: En España, la extraña fiscalidad de los hidrocarburos es menor para el gasóleo, aunque este sea más caro de producir. Es la razón de que en la última década el parque automovilístico diésel haya superado ampliamente al de gasolina (una rareza en Europa). ¿Se imaginan qué pasará cuando el coste de la electricidad y la caída en el coste de las baterías hagan del coche eléctrico una alternativa más económica que cualquier coche con motor de combustión? Puede ser cosa de 5 ó 15 años, pero no será mucho más allá cuando veamos que los coches eléctricos sean los dominantes en nuestras calles.

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3 . Los atascos crecerán en las periferias de las grandes ciudades: Para el habitante que se mueve por las periferias las alternativas como el car-sharing o incluso el transporte público seguirán teniendo un acceso más difícil. Si unimos a esto un coche eléctrico con menores costes de combustible que los actuales, que además se beneficia de derechos de paso y aparcamiento gratuito en no pocos centros, no es difícil deducir que el reparto modal del coche va a ser todavía mayor. Tendremos más atascos, pero eso sí, de coches que no contaminan.
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4 . El coche en propiedad será una rareza en el interior de las grandes ciudades: Escenario dicotómico: mientras los de fuera serán cada vez más cochedependientes, los de dentro verán que el escaso uso que hacen del coche podrá suplirse abonándose a cualquier servicio de car-sharing, algo que ya se empieza a notar en la caída de ventas de coches en las franjas de edad más jóvenes en todos los países de la OCDE. Esto permitirá liberar en esas zonas céntricas bastante espacio público destinado actualmente al coche privado.

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5 . Los ayuntamientos tendrán que cambiar su política de movilidad: Evidentemente, las exenciones de pago de los coches eléctricos tenderán a ir desapareciendo, según su uso se haga más general. A la vez, los vehículos dependientes del petróleo tendrán cada vez más penalizado su uso en las zonas céntricas, siendo elementos propios de largas distancias y periferias cada vez más dispersas.
Por otro lado, la situación de atascos que cada vez más se generan en áreas metropolitanas implicará un cambio en las competencias actuales, ya que los ayuntamientos no van a ser capaces de gestionar estos problemas.

6 . El estado tendrá que cambiar su política de recaudación: La dependencia a la gasolina del parque automovilístico generó 17.000 millones de € gracias al impuesto de hidrocarburos, ecotasas y su IVA correspondiente, un 1.7% del PIB. Aunque buena parte de estos ingresos se deben al consumo de combustible de camiones y autobuses (alrededor del 60%), no hay que ser un lince para descubrir que una electrificación rápida del sector va a implicar una caída en la recaudación a corto plazo que puede implicar resistencias del gobierno y políticas contrarias al cambio de escenario. Será un error, no sólo por lo inevitable, sino porque a largo plazo el cambio supondrá una bajada de los gastos sanitarios del estado provocados por la contaminación.

7 . Adiós a los taxistas: La competencia que este sector ha encontrado últimamente con los nuevos modelos de car-sharing no son sino la punta del iceberg. Una vez que el coche compartido esté autopilotado, es indistinguible de un taxi autopilotado. Así, el taxista dejará de ser necesario más allá de la asistencia para cargar equipajes o personas de movilidad reducida.

8. Bajada en la siniestralidad vial: La proliferación de un parque automovilístico extenso autoconducido permitirá bajar enormemente los accidentes, no sólo para los que van dentro del coche sino para el entorno inmediato. Observen la interacción entre un coche autoconducido y un ciclista que decide saltarse un semáforo en rojo (12:30):



9. Aumento del uso de la bici en zonas urbanas: Varios de los tradicionales obstáculos al uso de la bici irán desapareciendo según vayamos hacia los escenarios descritos: Tener un coche en propiedad, la seguridad vial de compartir vía, los atascos (en zonas céntricas, no en periferias) o la contaminación del tráfico son factores que van a verse profundamente alterados en pocos años, haciendo mucho más atractivo el uso de la bici. Y la bici eléctrica, con sus baterías de bajo coste y gran autonomía permitirán resolver también los obstáculos de la distancia, las pendientes y el esfuerzo en gente mayor, como ya estamos viendo con BiciMAD.

10. Nuevos modelos de movilidad no previsibles. La combinación de nuevos avances tecnológicos ha permitido otros avances con cualidades que sus antecesores no tenían: internet+móvil no es sólo un teléfono con internet, sino la posibilidad de gestionar un coche compartido desde la calle. Los avances que hemos citado van a permitir cambios que ahora mismo no son previsibles, al no estar todavía presentes las cualidades de combinar estos inventos en nuestras vidas cotidianas. Pero luego nos parecerá lo más natural del mundo. Dejamos a la imaginación del lector que haga sus cábalas en los comentarios.


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