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viernes, 4 de septiembre de 2015

La bici en Laos (III): Luang Nam Tha

ລົດຖີບໃນປະເທດລາວໄດ້ (III): ຫຼວງພຣະບາງ

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Cuenta Thua que en el Gran Río Tha vive el Gran Dragón Plateado, porque el Gran Río Tha es un gran dragón plateado. Cuenta Thua que cuando los chinos empezaron a hacer presas en el Gran Río Tha para generar electricidad hicieron enfadar al Gran Dragón Plateado y éste se manifestó en los sueños de los ingenieros, que no supieron escucharle.
Cuenta Thua que varias personas oriundas de la región vieron también al Gran Dragón en sueños y entendieron su mensaje, porque nunca han dejado de estar en contacto con los Dioses. Que intentaron sin éxito advertir a los ingenieros chinos del peligro.

Cuenta, en fin, Thua que nueve personas murieron en la ejecución de la obra, y que la carretera que va bordeando el Río Tha se ha vuelto peligrosa desde que el Gran Dragón está represado, y que ya no es recomendable atravesarla en coche.

El norte de Laos fue un reino independiente hasta hace poco tiempo, donde el budismo llegó poco y las religiones animistas todavía se hacen sentir con fuerza entre las diversas etnias que conforman la región del gran río Tha, o Luang Nam Tha. Es un ejemplo de economía local en el que la bici ha aparecido como la herramienta más sutil de hacer turismo sin alterar este universo, una manera de decirle al mundo (y a los jerarcas y empresarios chinos): mirad, hay otras formas lejos del hormigón y los coches de hacer las cosas. La Unesco apoya este proyecto alternativo.. y los Dioses también.

En bici por Madrid ha estado allí.

Carretera de Laos



La autopista de Laos: Una pista por donde pasan autos

Desde hace años, las autoridades chinas tratan de desarrollar las rurales provincias de interior, para evitar el descomunal éxodo hacia las ciudades más costeras. Yunnan, a miles de kilómetros del mar a través del territorio chino, busca acercar sus mercancías agrícolas a Tailandia, aunque para ello tenga que construir una carretera de 800 km atravesando todo Laos, la mítica Ruta 13 que desde hace unos años sustituye al río Mekong como principal ruta de mercancías. La inversión incluye también no pocas presas hidroeléctricas para dotar de electricidad la región de Yunnan, e incluso hospitales para los obreros desplazados para realizar las grandes obras que luego pueden disfrutar también la gente de Laos.


Aunque no deja de ser una carretera nacional normal, allí es La Carretera. No hay otra de tal envergadura en todo el pais, y por ello la llaman Autopista, lo que no deja de ser cierto: Es una pista por donde pasan autos, a veces con un carril de ida y otro de vuelta, pero no siempre.

La gente lao descubre la sociedad de consumo estos años, y el coche potente es una novedad al alcance de muchos. Correr por la autovía también... y estrellarse es lo más. En un trayecto de un par de horas es común encontrarse con varios coches teniendo que ser sacados con troncos y aulgún que otro estampado contra un árbol. Si viene alguien en sentido contrario en el momento de adelantar, las normas son prosaicas: el más debil se aparta a la cuneta.


Carretera de Laos

Para evitar accidentes con niños en los concurridos poblados que la autopista atraviesa, hay una limitación a 30 km/h al llegar a cualquier zona urbana. Sin cultura vial ni vigilancia policial, no es de extrañar que nadie baje de los 90. Muy divertido todo, sobre todo cuando tú vas dentro de una de esas máquinas de matar.

La llegada al pueblo de Luang Nam Tha es peculiar: aquí hay dos carriles por sentido, y de manera algo espontánea se ha generado lo que en Madrid llamaríamos "avenida con ciclocarril a la derecha", aunque en un grado extremo: Los coches siguen yendo a 90 km/h y el carril derecho no sólo se usa para ir en bici, sino para que los niños juegen. ¿Quién dijo que la convivencia no era posible?


Llegada a Luang Nam Tha


Si el tráfico y la velocidad crecientes de la Ruta 13 ha supuesto un perjuicio para los cicloturistas que hace unos años atravesaban el país, también ha permitido indagar con más curiosidad estas regiones remotas sobre las dos ruedas. A modo de un western, el pueblo de Luang Nam Tha  asoma sus casas de colores a su calle central con sus bares, alquileres de bicis y agencias de exploración. La gran presencia extranjera en el pequeño pueblo garantiza que cada negocio ofrezca wifi al visitante. Al cabo de un par de días de haber estado en todos ellos, el móvil funcionará con una tarifa de datos constante al pasear por la calle central.

 Calle central de Luang Nam Tha


Thua es uno de los guías de las numerosas agencias que te llevan a conocer el interior que tú no puedes recorrer por tu propio pie sin riesgo de perderte en la selva o de cometer una torpeza medioambiental o cultural. Como se necesita hacer noche y recorrer algunos parajes andando, a veces toca esperar un día o dos a que el guía vuelva de su anterior excursión. A Thua además le gustaba celebrar su regreso hablando de mujeres con sus amigos frente a unas buenas litronas de BeerLao (tiene premios), así que es la oportunidad de alquilar unas bicis y explorar los alrededores que no están tan protegidos.

  Beer Lao

Una carretera de Luang Nam Tha: Cualquier lugar por donde rueden carretas

Aunque (una vez más) las bicis no están hechas para gente de más de 1,80m, la orografía y la variedad del lugar no requiere grandes esfuerzos para lograr afectar el alma. Basta alejarse un par de kilómetros para descubrir un mundo muy poco tocado por la presencia del turismo occidental, en el que las grullas y los arrozales se alternan entre numerosas granjas de las varias etnias que conviven en la región. En esto, Laos es un país ejemplar que no intenta imponer por la fuerza la predominancia de un grupo (como sí pasa en Birmania), sino que lo considera un activo que debe ser protegido.

Para un habitante de Castilla, resulta sorprendente lo poblado que está el campo en algunos lugares del planeta. Los arrozales cultivados a mano están cuajados de pequeñas sombras de bambú donde los arroceros hacen sus pausas.

Carretera de Laos

Aunque en la agencia te dan un mapa, es común que lo que aparezca señalado como "carretera" empiece a aparecer según avanzas más un camino de piedras que otra cosa. Eso sí, como de vez en cuando pasan carretas con bueyes, no puedes quejarte, eso es una carretera al fin y al cabo.


Carretera de Laos
La cosa se complica cuando la "carretera"se convierte en río y tu ruta planeada se va al garete, obligándote a un rodeo en busca de alternativas. Aunque siempre hay  quien va con prisa y prefiere mojarse, claro. Por supuesto, la bici es cada vez más cosa de niños y guiris. Los locales prefieren las motos.

Carretera de Laos
Es entonces cuando te sales del camino previso y empiezas a descubrir que te has perdido, que es mediodía y todos duermen la siesta para huir del calor, que no hay tiendas, ni bares donde preguntar o comprar comida y que lo que mejor que puedes hacer es buscar el tejado de alguna casa para buscar sombra.

No pasará un minuto cuando una familia con decenas de niños y abuela desdentada te venga a ofrecer asiento en una piedra, junto con agua y arroz hervido con pasas envuelto en hoja de palma, un plato habitual en la zona mientras los niños se ríen gritándote pensando que no les entiendes "Falang, falang" (o sea "Guiri, guiri").

De regreso al pueblo el usuario de la bici con inquietudes podrá comprobar que en la calle de dos carriles los coches se cambian de carril para adelantar a las bicis, aunque estés pegado al arcén. Todavía hay respeto por los más dignos.

Un camino: Un cacho de selva por donde puedas caminar

El último tramo del viaje ya no se puede hacer en bici. Una camioneta nos lleva a lo largo del río mientras Thua nos explica la importancia que tienen los Dioses allí y los riesgos que tiene tomárselos a la ligera. Desde el momento en que abandonemos la carretera ya no habrá marcha atrás y entraremos en "la zona especial", donde no podremos alterar nada del ecosistema y estaremos a expensas de que los Dioses nos acepten o no a lo largo del camino, que no es otra cosa que un trozo de selva abierto a machete para poder caminar.

Desde ese momento y hasta el final del viaje, rigieron tres reglas:
  • Regla nº 1: no desconfiarás de tu guía, tu vida depende de él
  • Regla nº 2: cree en los espectros que verás en sueños, son reales
  • Regla nº 3: da gracias a los Dioses, son ellos quienes deciden si volverás sano y salvo
Que la regla 3 se cumplió da fe el que pueda escribir esto. Respecto al resto toca terminar aquí el relato de EnbiciporMadrid: Lo que pasó a continuación no tiene que ver con bicis, y dudo siquiera si tiene que ver con la lógica de la razón pura. Así que si algún día me da por terminar este relato será en un blog de relatos fantásticos.


Un camino de Laos



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