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miércoles, 3 de junio de 2020

¿Es Fernando Martínez Vidal de VOX el nuevo Boris Johnson de la política española gracias a la bici?

Artículo escrito por Paul S. 
Este blog es una tribuna libre. Cualquier persona puede publicar su artículo enviándolo a enbici@espormadrid.es


"¿De verdad queremos volver a la normalidad de esa ciudad que dejamos hace tres meses entre ruidos, atascos y contaminación? Tenemos una oportunidad única [...] El Ayuntamiento sí está para disuadir a esos dos millones de madrileños que usan el coche cada día a optar por otros medios. La mayoría de ciudades europeas llevan años imponiendo restricciones al tráfico rodado, pohibiendo los vehículos más contamintantes (casos de París, Berlín, Oslo), imponiendo un sistema de peajes que registran las matrículas (Londres), pagando impuesto a la congestión (Estocolmo), o colocando distintivos que sólo permiten acceer al centro a vehículos limpios.

Dar prioridad al viandante no consiste en peatonalizar los domingos unas calles, (que también, esas hay que pasarlas de provisionales a definitivas), sino en adoptar medidas estructurales permanentes en aceras y calzadas: un programa de ensanchamiento de aceras en los 21 distritos, fomentar el uso de la bicicleta como forma individual y segura de moverse y que no contamina, acelerar la construcción del carril-bici del eje Prado-Recoletos-Castellana, desarrollar el Plan Director Ciclista acometiendo la llamada C ciclista que rodearía Madrid Central, señalizar provisionalmente esos carriles, ampliar biciMAD en los 21 distritos e incluirlo en el abono transporte, estudiar con otras administraciones la ayuda a la compra de bicicletas..."

(Pleno del Ayuntamiento 29 de Mayo, a partir del minuto 42'30'')

Estas declaraciones no provienen de un grupo ecologista, sino de Fernando Martínez Vidal, concejal en Madrid por VOX, una formación política que se ha destacado por su absoluto menosprecio a cualquier cuestión mediambiental, desde no dedicarle una sola línea en su programa nacional, cuestionar la urgencia del cambio climático, fomentar el urbanismo de baja densidad en la Comunidad (medida 75), o proponer derogar la limitación a los vehículos limpios de acceder a Madrid Central (medida 44).

La defensa de un ideario tan ajeno a su formación no es mera retórica del concejal. Su iniciativa personal ha sido determinante para forzar al equipo de gobierno a aprobar la creación de un carril-bici en el eje Castellana-Recoletos, la principal arteria de la ciudad. Antes de pasarse a VOX, Vidal fue la única figura del PP que había mostrado públicamente su simpatía hacia esta iniciativa que nace de diversos grupos ciclistas de Madrid.



La movilidad sostenible está asociada en nuestro ideario político a los partidos de izquierdas, que desde hace décadas van de la mano de movimientos ecologistas en varios países del mundo. Partidos conservadores y liberales han visto siempre el fomento de la bici y más concretamente la restricción al uso del coche como una injerencia intolerable del estado en la libertad individual, aún a pesar del perjuicio que esa libertad provoca a la comunidad. No es casual que precisamente VOX convocara una manifestación en coche con el lema "Fase Libertad" para protestar contra las restricciones que el Gobierno de España ha impuesto a la población para controlar la pandemia del COVID-19 (y que agravó de una manera notable la contaminación, por cierto).

En este contexto, el papel de Vidal recuerda a la estrategia que el excéntrico Boris Johnson realizó para ganar las elecciones para ser alcalde de Londres en 2008 frente a un popular Ken Livingston. Merece la pena hacer algo de retrospectiva:

Cada distrito de Londres es un municipio independiente con su propio alcalde, aunque desde 1889 una administración metropolitana hace las veces de Superalcaldía, que es lo que comunmente la gente conoce como Gran Londres. En los años de Margaret Tatcher, este cargo recayó en Ken Livingston (apodado "el rojo" por sus posiciones políticas) y desde su posición de privilegio denunció los estragos que la política neoliberal estaba ocasionando al Reino... hasta que gobierno decidió acabar con la institución supramunicipal en 1986. No es de extrañar que cuando los laboristas volvieron a crear el Greater London Council en en año 2000, Livingston obtuviera casi un 60% de votos.

Uno de los aspectos más destacables de la agenda de Livinsgton fue su apuesta decidida por la bici, empezó a generar una red de carriles-bici para todo el Greater London, impuso la famosa Congestion Charge para reducir el tráfico en el centro y creó el sistema de bici público más grande de Europa, solo superado por Paris (las famosas bicis patrocinadas por Barclays que acabaron su color corporativo azul incluso a las vías ciclistas).

En 2008 Boris Johnson, un candidato que ni su propio partido tomaba en serio consigue el milagro de arrebatar la alcaldía a Livingstone con una estrategia sorprendente: por un lado prometió rebajar la extensión de la polémica zona de restricciones al coche del Congestion Charge, pero a la vez se apropió  del ideario ciclista del oponente, vinculando su imagen pública a este modo de transporte hasta el punto de convertirse en quizá el ciclista urbano más famoso a nivel mundial.  Fue memorable cómo en un debate electoral, ante las propuestas ciclistas de Livingston, Johnson se ofreció a darle unas clases de ciclismo urbano (Livingston no sabía montar en bici).

La apropiación de la agenda ciclista por parte de Boris fue completa: así, la red de vías ciclistas iniciadas por Livingston fue eclipsada por las SuperCycleways, un genial ejercicio de marketing que en muchos casos se limitó a renombrar carriles-bici existentes o a pintar arcenes de azul y que 12 años después todavía está en sus fases iniciales. Incluso el sistema de bicis públicas que Livingstone creó acabó popularizándose como las "Boris Bikes" (y aún hoy la gente las llama así).



En España hay algunos casos de "travestismo" político existoso con la bici. El más sonado, Vitoria: Javier Maroto consiguió obtener la alcaldía para el PP en 2011 abrazando la movilidad sostenible como bandera, y logrando que la bici pasara de un 6% en 2011 a un 14% en 2015, la capital con mayor reparto modal ciclista de toda España (además logró reducir la presencia de bicis en las aceras). Sin embargo, en ese caso fue un compromiso completo del grupo municipal. Lo que hace especial el caso de Martínez Vidal es que al igual que con Boris Johnson, su apuesta personal se hace en contra de la linea del partido. Y eso tiene un precio: El propio Boris reconoció al final de su segundo mandato en 2016 que el debate ciclista había sido mucho peor que el del Brexit, y que su política ciclista le había enfrentado con buena parte de su partido.

Curiosamente, en tiempos inciertos en el que las estructuras tradicionales de los partidos fallan, los versos sueltos parecen triunfar: Donald Trump o el propio Johnson han conseguido llegar a la presidencia de sus respectivos países precisamente por haberse enfrentado a sus propios partidos acusándoles de no ser capaces de solucionar los nuevos retos (el hostigamiento de Johnson a la anterior primera ministra Teresa May, de su propio partido, ha sido legendario). En España también triunfan los recién llegados que acusan a los viejos partidos de ser parte del problema. Esta "neocracia" envejece rápido: los nuevos partidos como Podemos o Ciudadanos se convierten en antiguos en menos de una legislatura, y las voces discordantes dentro de ellos ganan rápidamente el favor del público. VOX pasará también por ese proceso, sobresaliendo los políticos que hayan sabido apropiarse de políticas transversales como bandera. Veremos si en ese momento Martínez Vidal puede hacer gala de su apuesta por la bici para erigirse en figura exitosa capaz de aunar distintas sensibilidades políticas.


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