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sábado, 20 de septiembre de 2014

En Bici de Madrid a Santiago (2/8)

Etapa 2 Zamarramala-Ciguñuela (Valladolid).

Tú me levantas tierra de Castilla, en la rugosa palma de tu mano (Miguel de Unamuno)

 

Día: 31/8/2014
Kilómetros: 121
Desnivel positivo: 451 metros
Tiempo total: 12 horas 18 minutos



Amanece un nuevo día en Zamarramala, lleno de dudas y esperanzas. Hemos hecho el firme propósito de madrugar para aprovechar el día al máximo. Sin embrago, la primera hora del día se emplea en solucionar el problema de mi rueda. ¿Sabéis esa de que tengo un amigo que conoce a alguien que metió un radio por entre los piñones y así arregló una rueda sin las herramientas apropiadas? Bueno, pues yo no lo he oído, lo he visto. Doblando con paciencia infinita dos radios (que afortunadamente llevaba de repuesto en la tija) y metiéndolos muy poco a poco, retorcidos como colas de cochinillo por entre los piñones, Fernando consigue lo imposible, y deja mi rueda en estado de revista.

Las manos mágicas de Fernando arreglando lo imposible.
No será su única "ñapa". También tiene que solucionar el problema de su transportín (portará el saco atado al manillar el resto del Camino), del de Antonio (también a la tija). Mientras el resto de la compañía (Lauranieves y los siete enanitos) se dedica a parchear los primeros pinchazos. Algo que se convertirá en una costumbre que nos acompañará por todo el periplo castellano.

Nuestro destino de hoy es Puente Duero, una pequeña localidad, a poco más de 4 kilómetros de Valladolid. La etapa se antoja en principio sencilla. Llana, e incluso cuesta abajo, solo cuenta con la dificultad de los kilómetros, el cansancio del día anterior, y los temibles "areneros" de los que nos han alertado, tanto David, que hizo la ruta hace no mucho, como en la asociación de amigos del Camino.
Así que salimos de Zamarramala con ánimo, y con una hermosa sorpresa (que a punto esta de provocar un accidente): Un montón de globos aerostáticos sobrevuelan el cielo de Segovia a esas tempranas horas. 

Con esa mágica visión empezamos a cruzar los campos de Castilla. Interminables campos de cultivo bajo un cielo infinito que me recuerdan los versos de Unamuno:

Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo tu amo.

Campos de Castilla y cielos infinitos.


Estos cielos parece que nos animan a volar, hasta llegar a Valseca, donde tomamos un desayuno rápido y continuamos ruta, siempre volando. Cruzamos el río Moros y llegamos, primero a Añe, y luego a Santa María la Real de Nieva con la preciosa iglesia monasterio de Nuestra Señora de la Soterraña, con sus bellísimas esculturas. Pese a que nos habría gustado, no pudimos sellar la credencial: Es domingo y esta cerrado.

Preciosas las esculturas en la portada de la iglesia. Monstruo en el centro y a la derecha, interpretación de órgano
La iglesia de Santa maría la Real de Nieva. 
A la salida, pasamos junto a la plaza de toros, una de las más antiguas de España, y tras atravesar Nieva, nos salimos del Camino para ir por carretera, y evitar los arenales que, escondidos en los pinares, abundan en esta zona. Habíamos preparado bien la ruta, y previsto esta incidencia, así que, si bien no nos libramos completamente de ellos, todo lo que hicimos fue 100% ciclable. Así pues, por carretera y haciendo relevos que ruedan por encima de los 25 km/h llegamos hasta Navas del Marqués. Nuevo intento de sellar la credencial que acaba... en el bar. hace ya mucho calor y rodar a ese ritmo por carretera con 40º requiere de mucha hidratación. La cerveza, servida en tubos de barro, no puede estar más fría.
Un alto en el camino. La cerveza fresquísima...
A la salida, y de nuevo por carretera para evitar la arena, seguimos a un ritmo vivo. El viento sopla en contra, así que hacemos "abanicos" a relevos porque las alforjas oponen una resistencia importante. Así llegamos a Coca, una villa famosa por su Castillo y su muralla. De nuevo (parece que estamos gafados) resulta que acaban de cerrar y no podremos ver el interior del Castillo. Aún así, merece la pena el paseo por los alrededores. y aprovechamos para avituallarnos. Con unas barras de pan, y un par de sobres de embutido que llevábamos para emergencias de esta clase, comemos de maravilla en un parque en los aledaños.

Los conquistadores de Coca


Hermosa torre Mozárabe en Coca. 

El castillo. Casi de cuento de hadas
Avituallamiento. El mejor bocadillo que nos hemos comido en mucho tiempo.


La comida y la sombra convierten la siesta en una tentación importante. Pero no puede ser. Queda mucha ruta. Apenas hemos recorrido 57 kilómetros, y, si la cosa se da bien nos hemos planteado seguir un poco más.

 A la salida de Coca, nos espera un cuestarrón (nada mejor para digerir los bocadillos) y arena,mucha arena.
Uno de los innumerables pinchazos. Hubo quien encontró hasta cinco en la misma rueda.


Los arenales se convirtieron para todos en un auténtico Tour de Force, sobre todo para Niko

Pedalear en estas condiciones cuesta el doble y requiere de un extra de técnica y atención. Nikolay, con su híbrida tiene problemas por falta de tracción, y todos tenemos pequeños sustos, que sin embargo acaban sin consecuencias.

Eso sí, los pinchazos son innumerables. Llegado el momento, tenemos hasta tres bicicletas pinchadas a la vez y creo que solo dos de nosotros salvamos el día sin tener que cambiar alguna rueda. El sol, además, hace daño al ánimo. En los pinares la arena, y fuera de ellos el sol, nos agotan, mientras llegamos, primero a Alcazarén (con parada a repostar en el hogar del jubilado) y luego en Valdestillas. Allí donde vamos, los lugareños se apiadan de nosotros y rellenan nuestros bidones con hielos, aunque rara vez estos duran más de media hora.
Alcazarén. 40º a la sombra...
Con todo y con eso, llegamos alrededor de las siete a Puente Duero. Estamos cansados, pero no tanto como para hundirnos cuando, al llegar nos dicen que no hay sitio. Seguir algo más es algo que lleva todo el día rondándonos la cabeza, pero al final, la suerte ha tomado la decisión por nosotros. En el Albergue hay sitio solo para cinco, y somos ocho. Así que el hospitalero nos anima a seguir a Ciguñuela. Son 12 kilómetros más, pero sabemos que todo lo que ganemos hoy nos vendrá bien para días posteriores.
Puente Duero y el puente que le da nombre. 
 Así que animados pese a todo, cogemos la bici, y salimos, por un carril bici que nos lleva hasta Simancas. Por el carril bici me retraso un poco y pierdo al grupo que toma una ruta diferente, hasta que en un momento me convierto en el "ciclista fantasma". No esta claro si voy por delante o por detrás del grupo (en realidad estaba en medio) y para encontrarles subo un par de veces la cuesta de Simancas, mientras parte del grupo sale corriendo en mi busca a Ciguñuela (dejándome muy atrás).
Simancas al fondo. 
Ciguñuela resulta ser un pueblo diminuto situado en lo alto de una cuesta interminable. Mientras la subimos, pensamos en lo bien que nos vendría una buena cena, y empezamos a pensar en el menú ideal tras semejante paliza.

Llegados al albergue, la "Casa del maestro" hace amago de estar también llena. Una breve negociación y resulta que sí hay sitio, de hecho, de sobra, así que, aun sin duchar, marchamos al único bar del pueblo a cenar algo. De nuevo, son las once cuando empezamos, y la buena mujer que nos atiende no tiene mucho para ofrecer: Espaguetti con salsa boloñesa, y huevos con patatas y chorizo. El menú que veníamos soñando mientras subíamos la cuesta. Lo creáis o no, nos lo comimos todo, y aún pedimos postre.


Llegada de los esforzados ciclistas. Alguno ya esta preparándose para parchear cámaras.
Hoy, han caído solo tres sellos: En Valdestillas, en el bar. En el Albergue de Puente Duero, en el que no pudimos alojarnos, y en Ciguñuela. Es domingo y cogimos todo cerrado.

Estamos rotos de cansancio, pero hemos logrado lo más difícil: Cumplir el ambicioso plan de ruta pese a las dificultades y ganarle aún unos kilómetros.

Cosas del Camino: La credencial.

La Credencial del Peregrino es el documento que acredita al peregrino como tal, y que por ello,le permite beneficiarse de las ventajas del Camino, fundamentalmente, de poder alojarse en los Albergues públicos, muchos de ellos gratuitos o de coste "marginal". 

La credencial puede obtenerse en el Camino, en las iglesias y Albergues de las ciudades principales, o, aquí en Madrid, en la Catedral de la Almudena, en la Iglesia de Santiago, o en la Asociación de amigos del Camino.

El peregrino debe sellar su credencial al menos dos veces al día. Ello es para demostrar que ha hecho la ruta,sin acogerse a la tentación de tomar alternativas (taxis, etc) y poder así mostrar que ha hecho la peregrinación, conforme a lo establecido. Con eso podrá obtener la Compostela al llegar a Santiago.

Pero además de ello, acaba convirtiéndose en mucho más. Dado que al menos cada sello corresponde con una noche, la credencial se convierte en un recuerdo muy personal del Camino. Un documento que te permite recordar los sitios por los que pasaste, la gente que conociste, o, porqué no, en qué bar echaste unas risas con tus compañeros peregrinos.

Durante el Camino, es casi como tu DNI. La llevas a mano. Te agobia perderla. 

Mi credencial,al final del Camino de Santiago.

Y sin casi darte cuenta, construyes el mejor recuerdo de tu Camino, coleccionando sellos de los puntos a los que guardas especial cariño.



escrito por Agustín Felipe Farelo

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7 comentarios :

  1. Si la primera etapa fue dura por la distancia, el desnivel y todos los percances que tuvimos, esta segunda etapa fue muy dura por el calor, los pinchazos y la arena.

    Lo importante es que por más duras que se hacían las etapas todos aguantábamos con una gran sonrisa, como pidiendo más.

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  2. Muchas gracias, otra vez más, un relato fenomenal

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  3. Agustín Felipe Farelo20 de septiembre de 2014, 23:10

    Llegar a Ciguñuela fue durisimo. Creo que nunca habia tenido tal sensación de estar vacío de fuerzas.

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  4. Lleva tiempo rondándome la cabeza. Una amiga me pidió mi mediocre bici para hacer el camino y se la dejé con ilusión (si yo soy demasiado flojo, al menos que mi bici haga el camino), y al final no lo hizo. Cuando acabe de esta serie de artículos, estoy seguro de que tendré MUCHAS GANAS de hacer el Camino en bicicleta.

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  5. Muy bueno el relato Agus|, menudo lujo el haber compartido ruta con vosotros y ahora compruebo que llevábamos a un MAGNÍFICO cronista camuflado en el pelotón! MUCHAS GRACIAS!... y a esperar la siguiente...

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  6. David 6D2 (Caballo de acero)21 de septiembre de 2014, 12:46

    Segun leo tus cronicas, más ganas tengo de hacer el camino y más claro tengo que si no es en vuestra compañia me resultaria muy dificil. Gracias por tu relato.

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  7. Agustín Felipe Farelo21 de septiembre de 2014, 15:41

    David, tú estás más que preparado para el Camino. Quizá el ritmo (sobre todo por el número de kilómetros) sea lo único excepcional en nuestro caso. Yo también siento que solo no habría podido hacerlo así. Pero a su modo, cualquiera puede hacerlo.

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