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miércoles, 24 de septiembre de 2014

En Bici de Madrid a Santiago (6/8)


Etapa 6 Villafranca del Bierzo -Sarria (Lugo)

Oooohh! Cebreiro...

Día:04/09/2014
Track:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7770739
Kilómetros: 74.91
Desnivel positivo: 1271 metros
Tiempo total: 10 horas 5 minutos

Todo el mundo arriba!! Apenas ha amanecido y ya estamos en la calle. Un desayuno rápido en la plaza Mayor de Villafranca y salimos rápidamente por el puente de piedra. Nos espera O Cebreiro. El Cebrero. El último puerto serio de nuestra ruta hasta Santiago, y el más duro. No será una etapa larga gracias a lo acortado en días anteriores. Pero llevo meses metiendo miedo a mis compañeros con una subida cuya dureza se me antojó imposible hace ya casi 20 años. Así que hay que estar preparados para cualquier hazaña.
Puente medieval en Villafranca del Bierzo. Precioso pueblo en un precioso valle
El camino de hoy comienza por una zona realmente bonita de bosques tupidos, pero sobre una pista poco agradable: la antigua Nacional 6. Demasiados coches pasando a nuestro lado, mientras cada dos por tres cruzamos el río Valcarce, y ,de vez en cuando, atravesamos algún pueblo: Pereje, Trabadelo quedan atrás antes de que en la Portela en una estación de servicio compremos el avituallamiento del día. Queso y chorizo de la zona y unas buenas hogazas de pan. Por fin, en Ambasmestas, nos separemos de la carretera. Respiramos aliviados, y, nunca mejor dicho, porque el ambiente es mágico. Aire puro, y bosques que se cierran cada vez más sobre nosotros, ahora por una carretera pequeña, y sin tráfico.  La carretera, que lleva todo el día picando para arriba, se empina un poco más.
Hasta que llegamos a la pequeña villa de Las Herrerías. Aquí empieza lo duro. Llevamos toda la mañana subiendo, y hemos alcanzado los 750 metros de altitud. En los próximos 10 km subiremos hasta los 1350. Una pared... los tres primeros kilómetros transcurren por carretera y nos vemos obligados ya a meter plato pequeño. Vemos a más de un ciclista poner pie a tierra. Y esto solo acaba de empezar. Luego, en una pequeña aldea, las flechas se bifurcan. Peregrinos a pie a la izquierda. Bicicletas a la derecha. Los peregrinos se separan... bueno, no todos. El grupo se ha abierto por efecto de la subida. Y al llegar al desvío, los de cabeza siguen el camino por carretera, como el 99% de los ciclistas que hacen el Camino.

Existe la idea general de que el tramo de subida que hacen los peatones no es ciclable.  Nosotros lo tenemos claro: Lo vamos a intentar. Nos esperan rampas del 20%, por un camino pedregoso, roto, pero con paisajes increíbles.


El comienzo es muy complicado. Una  durísima rampa con piedras y raíces nos deja claro que no va a ser un camino de rosas ¿Nos hemos equivocado? Los peregrinos a pie nos abren paso, extrañados seguramente de ver ciclistas por aquí, aunque nuestro ritmo no es muy diferente al suyo. Y de repente, nuestra habitual desventaja se muestra como lo contrario. Las alforjas consiguen que traccionemos superando los obstáculos.
Todo es tirar de molinillo en una subida a trompicones. Descansillo, acelerón, una y otra vez. Superar un obstáculo, girar curva, y… otro mayor. Añadimos a nuestro agarre unas cuantas bostas de vaca, que mejoran notablemente la adherencia (y además traen suerte ;-) ) . Y poco a poco, con el corazón en la boca pero emocionados, vamos subiendo, porque cada rampa que afrontamos parece imposible, pero luego resulta que no.

A mitad de Camino, un grupo de vacas nos obliga a frenar. Nos pasan por derecha e izquierda, camino del establo y da un poco de miedo, porque vamos con las fuerzas muy justas. Bueno, hay que seguir. A partir de ahí, el monte se abre, los árboles clarean y dejan paso a unas increíbles vistas sobre toda la línea montañosa. Praderas y montes rodeados de brumas. Aún nos quedan algunas rampas complicadas, pero estamos crecidos. Solo paramos para hacer fotos. Muchas, porque el paisaje es maravilloso, y lo  merece.
Leo, más feliz cuanto más dura sea la rampa
El paisaje es imponente.
O Cebreiro es la puerta de Galicia. Pablo va crecido: Ya está en casa!
Por fin, el terreno empieza a suavizar. Hay menos piedras y el Camino deja paso a una estrecha pista de tierra, a  veces poco más que una senda, que nos deja en cualquier caso más libertad para admirar un paisaje inabarcable.
No podemos dejar de mirar...
Solo un poco más, y llegamos a Cebreiro.  Lo hemos conseguido. Apenas hemos tenido que bajar de la bici (fotos aparte) dos o tres veces, y no más de 100 metros. Menos que en muchas de nuestras rutas por Madrid. Las alforjas han ayudado a subir cosas que normalmente no podríamos por patinar la rueda. Pero creo que es la subida que más he disfrutado en mi vida. Por el paisaje y por lo divertido duro y técnico. En el alto, nos espera el resto del grupo, que ha subido por carretera en tiempo récord, y repartiendo "queso" de lo lindo (ver el apartado Cosas del Camino para más explicaciones).
La ermita de O Cebreiro. Una sencilla construcción.

El podium de los de carretera
Además de ellos, nos encontramos una concentración de biscoters, unos preciosos mini-coches de los años 60.  Tras presentar nuestros respetos al cáliz y reliquias sagradas, de la preciosa ermita, enfilamos el pueblecito, que mantiene varias de las típicas chozas con techo de paja. En un bar celebramos nuestro éxito con cerveza,  sidra, y el primer pulpo. Ya estamos en Galicia!!


Para que luego digan que el Smart es revolucionario. Este es mucho más antiguo ¡¡Y descapotable!!

El tipo del bar es curioso. Pero el pulpo esta buenísimo!!
 Los tradicionales chozos en O Cebreiro






  Otro reto conseguido. Se nota en la felicidad de nuestras caras que todos lo hemos disfrutado
A la salida, del bar,  Antonio detecta que su freno trasero no va, justo cuando creíamos que empezaba la bajada (un error, porque  faltaba el alto do Poio) lo que le va a obligar a ir con cierto cuidado en las bajadas. Rápidamente, el que desde entonces será nuestro guía local, Pablo, se moviliza, y llama a su primo para que compre unas de recambio en Lugo y nos las acerque al destino del día, que hemos decidido que sea la localidad de Sarria (originalmente iba a ser Triacastela, pero las ventajas acumuladas nos dejan llegar más lejos).

A la salida de Cebreiro, surge la duda. Hay una zona en que el camino va por una pista de tierra. Parte del grupo va por ella, mientras el resto, seguimos por carretera, para acompañar a Antonio que no quiere riesgos con sus frenos maltrechos.
Tras O Cebreiro, una pequeña pista y luego al alto do Poio
El caso es que nos perdemos, y tras bajar unas cuantas rampas de una cuesta tremenda, nos damos cuenta de que no nos llevan a ninguna parte. Hay que deshacerlas, ahora cuesta arriba. Eso que nos llevamos de regalo.

Así que media hora después retomamos la carretera para subir el alto do Poio allí, en un bar, nos comemos los deliciosos productos que hemos comprado antes del ascenso. Empieza el debate con los que subieron Cebreiro por carretera.  Son cosas de ciclistas, y alguno picado reta a bajar y volver a subir, cada uno por la vertiente contraria a la que hizo. Suena tentador… pero no debemos retrasarnos tanto. Pero si volviera a hacerlo, sin duda repetiría el camino.

Las mejores comidas fueron siempre así. Un poco de pan, chorizo, lomo, queso. Unas cervezas...¡¡Y esta vez de postre,rosquillas!!

Una buena comida. Pan de León, queso, chorizo, membrillo, y unas cervecitas. Buena compañía y otra jornada de ciclismo memorable. No se puede pedir más.

Acabada la sobremesa, enfilamos la bajada. Es una carretera ancha, con muy buen arcén y de pendientes suaves, no excesivamente peligrosa, que hacemos despacio para asegurar por los frenos de Antonio. Aun así, disfrutamos de los paisajes hasta  Triacastela,  nuestro destino originalmente. Evidentemente seguimos, porque es temprano y en busca de las pastillas de freno que nos esperan en Sarria.

Así que continuamos bajada, separados de nuevo, unos por carretera, otros por camino por los frenos,  pasando por la Galicia más radiante de bosques de carballos hasta llegar a Samos, con su imponente monasterio, donde nos reagrupamos, y sellamos. Puedes elegir: Sello pequeño, o sello grande….Alguno pone ambos.
El monasterio de Samos. Una curiosa mezcolanza de estilos en un entorno incomparable.

A partir de ahí, nos quedan otros 10 km por carretera, en el continuo sube y baja por el que vamos a ir por todo Galicia. Finalmente llegamos a Sarria. Intentamos quedarnos como siempre en el albergue municipal, pero en esta ocasión está completo, así que buscamos uno privado. No es difícil encontrar acomodo a pesar de que somos muchos, porque la calle principal del pueblo, que cruza todo el centro está plagada de albergues, hostales, pensiones.



 Elegimos el Albergue “Blasones” que nos gusta mucho, y en el que además, nos colocan en una habitación que es casi solo para nosotros (una gran ventaja por la tranquilidad que te aporta y porque así  a la mañana siguiente no te despertarán los peregrinos de a pie).
El patio del Albergue, cobijo de nuestras bicis e improvisada terraza

Allí nos espera el primo de Pablo, y mañana, en un periquete, Fernando montará los frenos a Antonio. El desgaste excesivo por un lado nos sorprende. No es normal, y rápidamente lo achacamos a la tremenda desviación, cada vez mayor de su rueda.
Fernando, siempre hábil.
Como hemos llegado con tiempo, al igual que el día anterior, y tras las preceptivas duchas, salimos juntos al supermercado, para cocinar nuestra propia cena. Esta vez, pasta con pollo, y una ensalada, y aunque los medios para cocinarla no son los de Villafranca, nos apañamos. Pero mientras estamos cocinando, el alberguista nos advierte de que a partir de las 10:30, no podemos usar el comedor, porque hay habitaciones y molestaríamos. Así que improvisamos. El Albergue cuenta con un patio bastante bonito, en el que hemos dejado las bicicletas, con un emparrado, y una enorme mesa de piedra. Solo falta luz, pero para eso están nuestros potentes focos que tan buen juego nos dan en las rutas nocturnas, y que algunos de mis compañeros han traído.  De modo que creamos nuestra terraza particular, colgándolos del emparrado, para iluminar la mesa. Una cena deliciosa, al fresco del patio, solo para nosotros. Disfrutamos de lo lindo de la compañía (y con el divertido debate sobre O Cebreiro).
Otro uso más de los focos deportivos: Decoración de exteriores.

El albergue,  como es habitual obliga al silencio temprano,  así que aunque seguramente nos habría gustado no podemos quedarnos hasta muy tarde.


Cosas del Camino: Los piques ("Repartiendo queso...")


Cuando uno hace el Camino, siempre digo que debe hacerlo con fines espirituales, o culturales, y no deportivos, que para eso hay otras rutas en las que lucirse dándole caña. El Camino es ante todo, para disfrutarlo, y, además, uno no debe olvidar JAMÁS, que en mitad de cualquier revuelta  del Camino puede aparecer uno de los de a pie, despistado.

Pero somos ciclistas, y aun cuando uno no quiera,y sin dejar el espíritu de fraternidad del Camino,uno no puede menos que "picarse" con otros peregrinos. Esto es algo que no le sucede a los de a pie (o al menos no tanto) que cuando pasan a otro grupo, acompasan un rato el ritmo para charlar.

En bici, la interacción no puede ser tanta, y unos nos pasamos a otros, inevitablemente, fruto de los diferentes ritmos que cada uno es capaz de desarrollar, los descansos, y cuanto prolongues la jornada.

Así, que te quedas con aquellos peregrinos ciclistas  que conociste en un albergue, con bicis 10 veces más caras que la tuya, y algo fantasmas, a los que en la primera rampa, pasaste como un misil. No es una competición. Pero sí algo del espíritu de  desafío que tiene que tener toda aventura.  Y mientras le das a los pedales piensas... ¿por dónde andarán los de los "areneros" de Valladolid? No porque no les tengas aprecio. Si necesitaran tu ayuda se la darías sin dudar. Pero te anima y te entretiene superarles. Esos pequeños "piques" te ayudan a superarte cada día, y a llegar a Santiago. Y eso es bueno.

Hechos como estamos a grandes retos, muy pocos son los que consiguen superar a nuestro grupo. A veces alguno lo hace, y orgulloso saluda "Hasta luego chavales!".  Eso solo puede desencadenar una reacción. Hay que ir a por él, o, como acuñaremos en nuestra particular jerga del Camino, "darle queso". Así diremos "Por ahí va uno que quiere queso", o "Marchando una de queso!!" , o que en Cebreiro, nuestro grupo de titanes (los de carretera, porque los del camino íbamos solos ;-)) se dedicó a "repartir queso a todo el mundo" .

Esos piques, y estas pequeñas cosas, son también parte del Camino. De como uno lo vive. De las que a la vuelta te hacen darte cuenta de que algo te ha unido aún más con tus compañeros de ruta. La Comunidad "del Queso".


escrito por Agustín Felipe Farelo

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5 comentarios :

  1. Guapísima ruta, para mi gusto lo mejor del Camino Francés

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  2. Un placer leerlo, as usual :-)
    Eso del tranquilo tranquilo pero dando caña (o queso) me suena

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  3. ¡Hola amigos de enbicipormadrid!, de vez en cuando hago entrevistas a las páginas de ciclismo urbano que me gustan y luego las cuelgo en mi blog, y la verdad es que me gustaría hacérosla a vosotros , ¿que os parece responder a estas preguntas?
    podéis enviarme las respuestas a mi correo davidariascuquerella@hotmail.es, o responderlas en esta misma página con un comentario nuevo:
    ¿usas la bici a menudo?
    ¿cuantos km haces al día?
    ¿vas por carretera?
    ¿que harías tu si fueses presidente del gobierno o un alt ejecutivo en favor de la bicicleta?
    ¿que opinas de la nueva norma DGT sobre el uso del casco?
    ¿tendrías alguna anecdota graciosa en la bici?
    ¿sigues algún blog o alguna página web de ciclismo urbano?
    ¿cual es el estado actual del ciclismo urbano en España según tu?
    ¿vas a algún movimiento ciclista como Pedalibre o algo parecido?


    Gracias de antemano

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  4. Agustín; me es imposible dormir sin antes leer tus relatos. Ignoro ¿cómo haré cuando los termines? ¿Será posible que escribas sobre las rutas de los sábados? Tienes una madera muy fina para escribir; inspiran, huelen, suenan cada una de las entregas que has compartido con nosotros los lectores. Gracias.

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  5. Agustín Felipe Farelo25 de septiembre de 2014, 8:11

    Gracias K-LI Reyes. Me alegro de que te gusten.

    Lo de repetirlo cada sábado... suena tentador, pero me temo que no hay tiempo material para hacerlo. Tendrás que venir, y vivirlo ;-p

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