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domingo, 26 de diciembre de 2010

Derechos para los peatones: menos espacio a costa de coches, motos, bicis, etc

Quienes usan las ciudades van mayoritariamente a pie. Sin embargo, los peatones son los menos tenidos en cuenta y los más vulnerables. A las ya tradicionales precauciones, al cruzar la calle o al ir esquivando los excrementos de perro, se han añadido nuevas, de manera que no es recomendable distraerse un solo segundo. Y es que el espacio de la acera (y de las calles peatonales), el lugar más público y vital de las ciudades según Jane Jacobs, está cada vez más invadido.

Derechos para los peatones: menos espacio a costa de coches, motos, bicis, etc
La apropiación tradicional es la de las motos, que siguen subiendo a las aceras por los pasos de peatones y, al aparcar gratis justo delante de la puerta, reducen el espacio del viandante, dejando poco paso para cochecitos de bebés o sillas de ruedas, y convirtiendo en una aventura poder llegar hasta los contenedores de reciclaje. En Barcelona, a ello se ha unido hace unos pocos años la proliferación de monopatines y bicicletas. Se entiende, aunque no sea aceptable, que el 22% de los ciclistas solo vaya por la acera, ya que el sistema de carriles bici sigue siendo insuficiente y el riesgo de ir por el asfalto es alto en bastantes calles. Lo que es una sorpresa es que el nivel de incivismo de los que van en bicicleta no sea menor que el de los motorizados, cuando la bicicleta se había identificado con los movimientos ecologistas. La irrupción de la bicicleta, tan positiva en muchos sentidos, ha ido en contra de los derechos del peatón, que ahora no solo ha de vigilar para no ser golpeado por una moto que circula por la acera, sino que ha de estar al tanto de unos vehículos silenciosos que aparecen cuando menos se espera, teniéndose que apartar para dejar paso a ciclistas demasiado veloces y estresados, que van por calles peatonales o se saltan semáforos en rojo. Esto aún empeora cuando se trata de una manada de turistas en bicicleta, que quieren la ciudad temática a sus pies, para verla a la velocidad de los pedales, y que van apartando al personal con el insistente toque triunfal de timbre.

En la medida en que el diseño urbano ha sido totalmente incapaz de compatibilizar esta sana diversidad de flujos y medios, el resultado ha sido que unos depredan a los otros: el ciclista aparta al peatón, el motorista aparta al ciclista, el que va en coche aparta al motorista, y el bus y el camión apartan al coche. Y ahora la ley de calle, gracias a toda la gama de vehículos, se ha impuesto en aceras y calles peatonales: las agencias de turismo, además de pasear a los mirones por los mercados municipales y agruparlos en bicicletas, no solo han conseguido apropiarse del espacio público con sus go-cars, segways, triciclos y otros artilugios, sino que además cuentan con la promoción del propio Ayuntamiento.

Derechos para los peatones: menos espacio a costa de coches, motos, bicis, etc
El espacio para los automóviles siempre es amplio y los pasos de peatones son estrechos y tacaños, y las isletas, inseguras. Los técnicos de tráfico diseñan las calles solo con la mentalidad del que se desplaza en coche y nunca con la del que camina. El Ayuntamiento de Barcelona publicita que ha colocado en los cruces "más de tres kilómetros de barandillas de protección para los viandantes". La realidad es distinta: constriñen el paso de las personas, reflejan la carrera de obstáculos que es ir a pie, vuelven más peligrosa la ciudad, y tan lujosas barandillas de acero inoxidable no se han colocado donde realmente hubieran salvado vidas, por ejemplo en la avenida Meridiana.

Lo curioso de esta historia de planificación camuflada, siempre a favor del automóvil, y de esta ley del más fuerte en la calle y en la acera es que, en un momento u otro, al final todos somos peatones. Incluso el prepotente que va en su 4 x 4, aparca en el sótano de su lugar de trabajo y en el garaje de su casa, y va de compras al centro comercial, algún día no tendrá otra salida que salir a caminar, y al final llegará a anciano con dificultades para pasar corriendo el semáforo en verde o para apartarse rápido cuando un silencioso vehículo de dos ruedas se desliza por la acera. Pero entonces ya será tarde, porque otros estarán utilizando el poder que él tuvo para seguir apartando a lo peatones. Y es que el primer paso para poder ser ciudadano es que se respeten los derechos del peatón.

Josep Maria Montaner es arquitecto.
Fuente: elpais.com

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