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domingo, 26 de julio de 2015

Vía de la Plata 7. Calzada de Béjar - Salamanca

Etapa 7. Calzada de Béjar-Salamanca

20 de Abril

Distancia: 71 Km
Distancia acumulada: 543 km
Desnivel positivo: 977m

Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado
Miguel de Cervantes

En Comala comprendí
 que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver.
Joaquín Sabina

Empieza la etapa como la terminamos. Con Manuela como protagonista, que se despide de nosotros como si de nuestra madre se tratara. Nos hemos sentido a gusto, y algunos, de nuevo, nos prometemos volver. La etapa de hoy, según vemos en el perfil, presenta una dificultad principal, el pico Dueñas, y algunos kilómetros de ascenso en el inicio hasta Valdelacasa. Como decía hemos superado una de las etapas más complicadas, y no ha sido tanto, así que estamos más que dispuestos a empezar. Hace frío y de nuevo tenemos una leve bruma que da un ambiente mágico a nuestro recorrido.

En el primer cruce ya nos toca despedir a Niko. Se va a Béjar a coger el autobús. Somos gente de seguir camino, pero sabemos que le echaremos de menos. Volvemos a cabalgar los tres subiendo por senderos marcados por las ruedas de coches. Los primeros kilómetros, aunque no se ve en el perfil de la etapa, empiezan en ascenso, 200 metros positivos en 15 km. Desde Calzada a Valverde se suponen llanos, pero yo no lo noto.

Niko se despide de nosotros y toma rumbo a Béjar
Pasamos por el llamado bosque del peregrino donde encontramos robles, fresnedas y rebollos y continuando el mismo trazado pasamos un tramo con un camino totalmente inundado, que conseguimos salvar sin mojarnos los pies. A los dos lados fresnedas que marcan el camino junto al muro de piedra.

Llegamos a Fuenterroble de Salvatierra, donde se encuentra un Centro de Interpretación de la Vía de la Plata, y aunque a esta hora está cerrado, nos encontramos con paneles explicativos, que nos dan a conocer la historia de la Vía de la Plata, de la Calzada romana y de los miliarios.
Aún es pronto, pero nos parece que este es el lugar para hacer la primera parada. Después de esto tendremos unos diez kilómetros más de llano, y luego la temida subida al pico de Dueñas, que hace al peregrino ser consciente de que ya está en la provincia de Salamanca.


 La descripción del pico, es que se trata de una de las subidas más duras. Cuatro kilómetros de subida pedregosa con una pendiente media del 6 % y  rampas puntuales que alcanzan el 15 %.  (esto sólo lo sabríamos después). En nuestra guía nos recomiendan una alternativa por la carretera por Navarredonda de Salvatierra, pero decidimos preguntar a los lugareños, sabiduría popular es lo que nos hace falta. La dueña del bar nos cuenta que no cree que sea mucho; ella no ha subido nunca, pero su hijo con la bici sí, y lo ha hecho sin problema, así que no debe de ser demasiado, y a partir del Pico Dueñas ya es todo “llano y bajada, llano y bajada”.  También nos acordamos de Manuela, nuestra hostalera, que nos dice que ya hemos superado lo peor, porque la subida al Puerto de Béjar es lo más duro. Vamos que el resto de la ruta es un paseo, y tiramos para el Pico Dueñas sin dudarlo.
La Cruz, los molinos y las piedras nos dicen que estamos en la cima del Pico

Después de Fuenterroble nos esperan unos kilómetros de calentamiento por camino y tierras llanas y lisas, hasta que llegamos al temido pico. Por este camino seguimos encontrándonos con los miliarios que nos dicen que vamos por camino cierto.  Ahí cada uno de nuevo toma su ritmo. A Fernando lo perdemos enseguida, está como en casa y se divierte como un enano. Jesús le sigue, y yo, que ya veo el ascenso complicarse, vuelvo a sentir el espíritu de la montaña y algo que me tira para arriba. Parece mentira, pero así es, algo me tira para arriba como si no hubiera un mañana. Tengo una parada técnica por coger mal una piedra, adelanto a Jesús y a partir de ahí el pico será mío. Nos unimos la montaña y yo, y ya no hay nadie más, pierdo a Jesús, pierdo a Fernando y disfruto de esos momentos de soledad que tanto nos gustan a todos los biciclistas. Sorteo o rodeo cada piedra, sin dificultad, mis alforjas no pesan, y consigo equilibrar giros, piedras, ramas, y desnivel. Estoy como en casa. De repente me he convertido en una ciclista con cierta técnica y no lo sabía. Siento que este es mi momento. El inicio del pico se hace duro y pongo todo de mi parte, pero todo fluye.

Luego parece que ya hemos llegado, y se suaviza la pendiente y las piedras a superar, un estrecho sendero ya empieza a mostrar el paisaje que nos espera, y entonces hay algo que me empuja más, no hemos llegado pero lo sigo pasando bien. EL paisaje ya se intuye a mi derecha, la provincia de Salamanca empieza a abrirse ante mí, mientras los molinos eólicos se van descubriendo a la izquierda. Nos han dicho que desde aquí vemos Salamanca, Portugal y Cáceres. Uno de los puntos más hermosos. No veo a Fernando y no tengo claro donde tendré que parar, parece que el último molino es nuestro destino, pero no queda claro, así que sigo rodando entre arbustos, y vuelven a empinarse las rampas. Algo me dice que esto está cerca.

Llego poniendo el molinillo a tope, una última rampa no va a enturbiar un trayecto impecable de ciclismo de alforjas. Junto mi bici con la de Fernando y puedo mirar a mi alrededor. Salamanca es hermosa. No sé si la hace hermosa la vista que tengo ante mí, o la sensación de que acabo de hacer algo importante. Probablemente ambas respuestas son correctas. Más que nunca he hecho mío este paisaje. Y siento que todo salmantino que se precie debería venir aquí. Me emociono y lloro como una magdalena. Intuyo que Fernando ahí arriba hace lo propio y cada uno vivimos nuestro momento mientras esperamos a Jesús. Luego subo donde Fernando, al punto más alto, y ahí soy consciente de que los peregrinos han hecho de este lugar la Cruz de Hierro de la Plata. La Cruz de Hierro es donde los peregrinos dejan sus piedras expiando sus pecados o dejando lo que quieren dejar atrás, dejando lastre. Nunca he sido proclive a los romanticismos simbólicos, pero en este momento siento que no puedo dejar mis piedras. Las piedras forman parte de la vida y nos acompañan; no se trata de masoquismo, sino de aceptación. Hacen de los zapatos algo incómodo pero se calzan, son nuestra historia y  es mi lectura. Parte de mi biografía. Probablemente un día no me acordaré ni de que llevo piedras en los zapatos. Y en el fondo creo que todas las personas están llenas de piedras, y eso las hace ricas y completas.
Al fondo, después de las piedras, los árboles y los campos nos espera Salamanca


Momentos de parada y reflexión, para después mirar al otro lado. Ya estamos, eso era Béjar, aquello se intuye Portugal y hoy llegamos a eso que se ve al fondo, a ese lugar donde los tres ya hemos estado en tantas ocasiones que cada uno tiene su historia que contar. Salamanca parece el lugar más concurrido de España, donde los tres hemos ido y vuelto reiteradas veces en determinados momentos de la historia.
Finalmente llega Jesús despotricando y caminando con la bici. Nos han mentido. “¿Que su hijo puede subir esto? ¡Anda ya!”. “ Tenía que haberme ido por la carretera”. Igual que nosotros, según va a aterrizando Jesús se da cuenta de que tiene delante una enorme extensión de paisaje y que dominamos desde aquí los lugares más próximos. Comentamos que la subida a O Cebreiro y a la Cruz de Hierro son más largas y más duras que esta, pero las vistas finales hacen de esta una subida de las que se debe hacer. La recompensa llega según subes y en cuanto te bajas de la bici, y eso la hace especial.
Eso sí, no te fíes de los lugareños si no son bikers o amigos de ellos, porque van a faltar a la verdad. A lo largo de este viaje, y de otros he comprobado que no son las mismas las indicaciones de un conductor, de un senderista, y menos todavía la de un dueño de un bar o un albergue. Menos en zonas donde no hay una afición a la bici extendida. Y es que es así, la dueña del bar nos engañó, el pico era más duro de lo que se pensaba, y “ a partir de ahí, llano y bajada, llano y bajada…”. Pues no es así. Lo que sigue a la Cruz de Ferro salmantina son subibajas constantes que nos estropean las piernas pero en los que precisamente no hay uqe dejarse caer solamente. Eso sí, a unos más que a otros nos puede esa llanura que deja asomar la ciudad y que nos hace sentir que la tenemos cada vez más cerca.
Después de la subida al Pico, eso sí, toca bajar. La bajada no es menos empinada, sino más, y no tiene menos piedras. Aquí, como siempre se trata de terreno de Fernando, y Jesús y yo le seguimos prudentes. Es de estas bajadas que les encantan a “nuestros Patxis”, como los llamamos nosotros. En este relato se puede diferenciar bien mi preferencia por las bajadas o subidas. Lo siento por los amantes del descenso. Yo aquí, como en la subida, me acuerdo de ellos, y trato de seguir su ejemplo a una gran distancia. No hay nada como practicar para aprender a bajar, no hay nada como verlos a ellos, y como saber las propias limitaciones para no pegártela por imprudente (esto para consuelo de mis padres).
Vista de la Sierra de Béjar desde Pico Dueñas. Los miliarios se unen a los molinos

Como digo seguimos por tierras principalmente llanas pero que no por serlo dejan de tener sus repechos que siente el ciclista en las piernas. Atravesamos pueblos como Calzadilla de los Mendigos, Morille o San Pedro Rozados, donde hacemos la parada de rigor para alimentarnos y degustar la mermelada de membrillo que nuestra hostalera-mamá Manuela nos ha regalado y que comemos con gran placer y combinamos con queso como nuestros bocatas de las rutas. Gracias a Manuela por estos detalles que hacen el día un poco más especial. Seguimos por amplios caminos, rodeados de tierras de labor, cereal, trigo, y ya se van asomando cortes de amarillo que Jesús me identifica como mostaza. Este hombre sabe de todo, y a cada paso que da me lo confirma.

Llegada a San Pedro Rozados


Así llegamos entre campos de cereal, y de trigo y de unas cuantas flores de mostaza, apenas unas pocas, que a mí me hipnotizan y me hacen retrasar un poco la llegada. He tenido muchas llegadas a Salamanca, en coche, en autobús, en tren…pero nunca entre campos con flores de mostaza y cereal, entre verdes y amarillos, que me hacen sentir que llego a un lugar diferente. Como diría Miguel de Cervantes, Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado. No vamos a ser menos, estamos hechizados.

Mientras, Fernando hace una de las cosas que más le gustan. Por aquí encontramos a dos o tres bikers, y ve a uno de ellos susceptible de picarse. Él con sus alforjas y con todo, nos deja a los dos atrás embelesados con nuestras fotos, dispuesto a dar queso a aquel que se aproxime a él. En algún momento Fernando tenía que abandonar el ritmo tranquilo que afrontábamos en este viaje, y nada mejor que alguien a quien dar queso, para calmar sus instintos. Tanto, que se va por la alternativa, yendo por otro camino, dándole tiempo a corregir para alcanzarnos.  Mientras Jesús y yo vamos alternando esas ondas que nos hacen ver la ciudad al fondo, y al momento desaparecer, una imagen que tienta hacerle fotos una tras otra, una tras otras con flores de mostaza.

Una vez que llegamos a la ciudad, foto en el puente con la catedral de fondo, entramos triunfales atravesando sus calles principales, entre turistas empedernidos. Me vuelvo a sentir extraña. Las grandes ciudades me abruman entre tanto pueblo abarcable que pasamos. Aprovechamos, eso sí, para equiparnos, buscar tiendas para arreglar móviles, alforjas, etc. Y que no falte una buena cena, ahí vamos al bar que Fernando frecuentaba durante varios años cada mes en la clásica calle Van Dick, cuando se metían una buena parrillada con los compañeros. Jesús además visita a su tía, y yo visito mis recuerdos. Mañana salimos hacia Zamora, nuevos terrenos y nuevas sensaciones. Nuestro camino fluye y a estas alturas hemos transitado ya tres de las cuatro Comunidades que atraviesa este camino.
Último paso antes de llegar a Salamanca, el Teso de Tejada 




Conquistando Salamanca sobre nuestras burras



Cosas de los Caminos: diversificando caminos por la península, Caminos Naturales

Como se ha visto en los relatos de días anteriores, estos tres aventureros nos cruzamos con varios Caminos Naturales según vamos subiendo hacia el norte. Muchos lectores los conocerán, pero para quien pueda ser algo nuevo, aquí vienen un par de cosas sobre los mismos.

Conozco a algunas personas que eso de recorrer los caminos de Santiago y encontrarse algunos de ellos más llenos que la Gran Vía hace que busquen caminos alternativos donde puedan disfrutar la paz de rodar o caminar en solitario o con muchos menos encuentros. Al menos desde mi experiencia, algunos Caminos Naturales son una buena alternativa (otras son Vías Verdes, y sendas y caminos que están desarrollando en la mayoría de las Comunidades para fomentar un tipo de turismo en alza).
Los cubos amarillos y verdes de la Vía de la Plata se juntan con el Camino Cáceres-Badajoz


Los Caminos Naturales son un proyecto del Ministerio de Agricultura para fomentar el conocimiento de la naturaleza y promover el desarrollo rural habilitando y señalizando antiguas vías de ferrocarril, canales, caminos de sirga, vías pecuarias, sendas y antiguos caminos públicos. La página web que da enlace a los mismos son un auténtico compendio informativo sobre cada uno de estos caminos, distancias, desniveles, dificultad…Pongo aquí el enlace para quien quiera ampliar informaciones: http://www.magrama.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/caminos-naturales/caminos-naturales/  Además de la página web tienen editadas guías con mapas a escala 1:40000 que son enormemente prácticos.

Algunos de ellos son de corto recorrido y se pueden hacer en una sola jornada. Un caso es el Camino Natural del Lozoya, al Norte de Madrid, y por el que ya hemos pasado por algunas de nuestras rutas. Es un camino que va desde el Puente del Perdón hasta el Cuadrón, pasando por el embalse de Pinilla, Rascafría y Lozoya.

En la Vía de la Plata nos encontraríamos con los Caminos Naturales del Guadiana, del Tajo, de Cáceres-Badajoz, la Senda del Duero…

Desde mi punto de vista el Ministerio tiene dos asignaturas pendientes: publicitar en mayor medida los Caminos Naturales para aumentar la afluencia a los mismos, y unir esto a información turística de las zonas, casas rurales, albergues, restaurantes. Con este apoyo, muchos de estos caminos y sobre todo los que son de amplio recorrido podrían ser alternativas a los caminos de Santiago más concurridos. Y en sus trayectorias se generará necesidad de albergues similares a los del camino, con un planteamiento de negocio de turismo sostenible. Nuevo nicho de mercado.


¿Quieres seguir la historia? Aquí tienes las otras etapas:

Etapas 0 y 1, Etapa 2, Etapa 3, Etapa 4, Etapa 5, Etapa 6

Senda del Duero, a pocos kilómetros de Zamora

1 comentario :

  1. ¡¡¡Mostaza!!! No lo sabía; pero son preciosas en exceso. Tanto verde y ese amarillo que sobresale, un paisaje hipnótico. Pico de Dueñas; ver Portugal y Salamanca a lo lejos, es para subir, sufrir y disfrutar. Vamos que se te olvidan las piedras y los ardores de piernas jejeje. Una subida y ruta que marcaré para algún día disfrutar, Laura.

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